VIACRUCIS GLOBAL Y REAL

Actualidad Columnistas

Por Marcos Silva Martínez.

La pandemia del COVID19, sin duda alguna, producirá una encrucijada socioeconómica y geopolítica global impredecibles, generalizadas y de dramáticas consecuencias, especialmente para las naciones de menor desarrollo.  

A la amenaza sanitaria se suma la agudización de la crisis económica global, propiciada por el crecimiento y competencia del poder económico y político de naciones emergentes, frente a poderes geoeconómicos y políticos consagrados. Ha sido posible, por la globalización del conocimiento científico y técnico, factores que progresiva e inevitablemente mente están ocasionando el desplazamiento y diversificación de centros de poder geopolítico.

La encrucijada sanitaria y sus niveles de letalidad, como se percibe en unos países con mayor severidad, advierte sobre las debilidades y veleidades del modelo socioeconómico y político dominante y la economía de mercado y consumo, debido a que solo importa el rendimiento económico y acumulación de riqueza, por sobre los derechos sociales y la dignidad humana.

No son pocos los gobernantes que, sin rodeos, procuran evitar medidas para prevenir y atacar las causas de la pandemia y proteger la salud de los ciudadanos.  Proceden así, para no afectar el proceso de producción industrial y generación de riqueza para unos pocos. Entre otros, es singularmente evidente con el psicópata, sociópata, narcisista, mitómano, ignorante y perverso presidente de Estados Unidos, con el beneplácito de la ultraderecha, dueña de más del 90% de la riqueza y los ingresos de esa nación.

Desafortunadamente se advierten posiciones parecidas a las del gringo, en principio, cuando a manera de contagio impactan a gobernantes de países en desarrollo, como ocurre en Colombia. El jefe de gobierno, se manifestó renuente a tomar medidas de fondo para proteger la salud de los colombianos, bajo socorridos e irracionales argumentos, de los gremios económicos colombianos.

La primera cuarentena la decretó ante la inminencia de un fallo de Tutela de un Tribual Judicial regional, sobre protección de la salud, frente a los efectos del COVID19. Igual ocurrió con la prórroga de la cuarentena, frente a la posición de la Alcaldesa de Bogotá, respecto a la prórroga. Explicable porque representa a los gremios económicos y al capital, por encima de los intereses legítimos de los colombianos.

La amenaza de la encrucijada socioeconómico colombiana,  es dramática, debido al torrente de gastos que origina la pandemia y a que Colombia, en la región latinoamericana, es la más inequitativa y sexta en el planeta, con la mayor concentración del ingreso y la riqueza, mayor desempleo y subempleo (más del 65% antes del COVID 19), con un desempeño económico desastroso, presupuestos nacionales desfinanciados sistemáticamente, desproporcionada importación de alimentos que se pueden producir en el país, etc. Basta comparar exportaciones con importaciones.  El endeudamiento público ya supera el 100% del PIB, aunque el gobierno diga otra cosa (deuda externa e interna públicas, vigencias futuras, billonarias demandas contra el estado y deuda contingente)

A este catastrófico panorama, se debe agregar el accionar de organizaciones de los carteles de la corrupción y la politiquería. La corrupción es la pandemia que crece exuberante, sin control, ante la inoperancia cómplice del gobierno, de la justicia y órganos de control.

La pandemia del COVID19 demanda cuantiosas sumas de dinero, para dar míseros apoyos a multitudes desposeídos de bienes, medios de subsistencia y trabajo, condición de pobreza agudizada por las necesarias  medias de protección contra la pandemia.

El presidente luce satisfecho, porque con el problema sanitario, logró tender cortinas de humo sobre los hechos de corrupción de su elección y ahora con los que presuntamente comprometen a su vicepresidenta con Memo Fantasma y el narcotráfico. El poder hace tiempos alcanzó niveles de corrupción e inmoralidad, difícil de revertir, ante el poder y la obsesión del dinero y el poder.

Los ciudadanos honestos y socialmente responsables, conocedores de la problemática nacional, deben intervenir, plantear soluciones para el mediano y largo plazo y prepararse para asumir la dirección y conducción del poder público y evitar la continuidad en el ejercicio de ese poder a quienes han demostrado ser incapaces e irresponsables política y socialmente.   

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