El hecho cierto del desempleo endémico, subempleo, informalidad, desabastecimiento del mercado e inflación, obedecen a causas concretas, de orden nacional e internacional. Son consecuencia directa, entre otras, de los términos que la dictadura del capital transnacional y nacional, que se propusieron y lograron imponer a naciones en desarrollo, desde siempre y a partir de 1989, bajo los términos del decálogo imperial del Consenso de Washington y la sumisión de gobiernos nacionales, lacayos e irresponsables. Tratado de libre comercio TLC EE. UU. Colombia agropecuario desarrollo pobreza países Colombia www.tvnoticias.com.co tvnoticiascol

Tratado de libre comercio

Actualidad Columnistas

Por Marcos Silva Martínez.

El hecho cierto del desempleo endémico, subempleo, informalidad, desabastecimiento del mercado e inflación, obedecen a causas concretas, de orden nacional e internacional.

Son consecuencia directa, entre otras, de los términos que la dictadura del capital transnacional y nacional, que se propusieron y lograron imponer a naciones en desarrollo, desde siempre y a partir de 1989, bajo los términos del decálogo imperial del Consenso de Washington y la sumisión de gobiernos nacionales, lacayos e irresponsables.

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Los acuerdos de libre comercio, en términos generales, son expresión de sumisión al más fuerte y está demostrado que dieron sus frutos, a los usurpadores.

En el caso colombiano, desde el primer año de vigencia con EEUU, las exportaciones desde EEUU. A Colombia, crecieron exponencialmente y las exportaciones colombianas a ese país, decrecieron en similar proporción.

Los promotores colombianos, de ese acuerdo no tuvieron voluntad y capacidad para analizar las condiciones reales del desarrollo nacional y en particular de producción nacional y capacidad de competir con la producción de EE. UU.

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Actuaron alucinados con los espejismos presentados por los negociados gringos y la debilidad ante el más poderosos. Semejantes a las demostraciones de debilidad y sumisión del Sr. Duque Marques y anteriores gobiernos, ante el poder internacional, hasta en los últimos días de su nefasto gobierno.

Oportunamente el gobierno colombiano, firmante del TLC con EE. UU., tuvo quien le advirtiera la incapacidad del sector agropecuario nacional, para competir con la producción gringa.

El sector agropecuario colombiano, tal como fue pronosticado y advertido al gobierno de la época, está guillotinado. Las importaciones agropecuarias desde E. U., crecieron 62% en el primer año, y siguieron creciendo permanentemente, mientras la producción nacional progresivamente se fue deprimiendo, hasta desaparecer en algunos renglones, como en el caso del trigo y otros.

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No se puede esperar resultado distinto. Colombia no puede competir con la producción de países desarrollados. En ciencia y tecnología estamos en pañales, y las mejores tierras están en poder del 4% de propietarios. Los millones de agricultores pobres, disponen de tierras de alta pendiente, difíciles de baja fertilidad y no disponen de procesos tecnológicos para mejorar rendimientos.

Desde los 90, con la apertura Gaviria, se entregó la soberanía nacional, al poder económico mundial, en términos de desarrollo económico y soberanía. Los gobiernos nada han hecho para potenciar el sector productivo agropecuario, para competir internacionalmente.

El gobernante que inicia funciones el 7 de agosto del presente año, ha hecho anuncios sobre el desarrollo agropecuario que lucen promisorios. Resultados positivos pueden ser posibles, siempre que no claudique ante las presiones del imperialismo mundial, la avaricia económica nacional e internacional.

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La crisis económica mundial presente, obedece en alta proporción, a la aceptación irracional de los dogmas del mercado y a la religión del capitalismo salvaje.

Está demostrado que los dogmas del mercado, soportes del imperialismo económico, político y militar, aun dominante, igual que las del comunismo, no responden por la solución racional, equitativa e integral, de las necesidades y aspiraciones socioeconómicas de la humanidad.

La realidad lo demuestra, pero la derecha y extrema derecha no lo aceptan, aún si lo entiende, porque amenaza sus intereses y sus perversidades.

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La crisis agropecuaria, afecta a todos los sectores. Cafeteros, arroceros, cacaoteros, avicultores, paneleros, lecheros y al sector industrial y es consecuencia directa de la dependencia de materias primas y de las precarias innovaciones y desarrollo del conocimiento y aplicación de tecnologías correspondiente, en cada sub-sector.

Lo anterior se evidencia con las importaciones permanente de Colombia. Ya importa el 95%, de los insumos agrícolas, el 85% del maíz que se consume y que supera los 6 millones de toneladas anuales. Importa el 48% del consumo interno de leche. Importa frijol, lenteja hortalizas, miel de abeja, etc. Las importaciones de alimentos durante 2021, dominadas por productos agrícolas, superaron 15 millones de toneladas. Se refleja en el déficit crónico de balanza de pagos.

La solución de semejantes desequilibrios solo se puede lograr con políticas de estado que concretamente permitan sustituir importaciones, por producción nacional y que pueda competir en costos de producción, rendimientos y calidad, con la producción de países desarrollados.

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Ejemplos hay muchos: Mientras la producción media de una vaca gringa o europea, es de 26 litros día, en Colombia es de 2.5 litros día. Una hectárea cultivada con soporte tecnológico, en países desarrollados, produce hasta 12 toneladas de arroz. En Colombia 7 toneladas. Igual ocurre con todos los cultivos y producción pecuaria y el café.

Capitalismo y comunismo, son religiones que, como las religiones cristianas, buscan el poder político o se solidarizan con él, para dominar el poder económico para unos pocos. 

Del paquidérmico desarrollo socioeconómico nacional, es responsable el Régimen que lo ha usufructuado hasta hoy, caracterizado por pociones de extrema derecha, que apela hasta a la práctica de la criminalidad, para asegurar el dominio de la riqueza y el poder.

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La derecha y extrema derecha, nunca articula políticas que hagan posible el desarrollo integral de la economía, con criterios equitativos en la redistribución del ingreso.

Lo podemos comprobar con los escalofriantes resultados, revelados en el Informe de la Verdad. El apetito diabólico por la riqueza y el poder se impuso criminalmente sobre el derecho a la vida, de cientos de miles de colombianos pobres, cuyo único delito era ser pobres y desplazados del derecho a vivir sobre la tierra.

El sofisma para la aprobación de los TLC, es el desarrollo económico de la nación, generación de empleo y reducción de la pobreza. De esa manera han engañado a los electores y a toda Colombia.

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Los desastres socioeconómicos son evidentes. Más desempleo y pobreza. Más de 14 millones de colombianos estén en la informalidad o rebusque y casi 3 millones desempleados, más del 60% en la pobreza y la miseria.

México lleva más de 26 años con libre comercio con E. U. y Canadá. Tiene suscritos 49 acuerdos comerciales con 44 países. La pobreza y la miseria siguen incólumes, a pesar de que las exportaciones han crecido. Eh ahí el corolario.

Los acuerdos de libre comercio no son malos per se. Son malos por los términos como son negociados y por las políticas irresponsables de los gobiernos sometidos incondicionalmente, a la voluntad del más fuerte y perverso.

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El sector agropecuario, si no es sometido a un proceso de introducción y aplicación de ciencia y tecnología, con políticas precisas sobre uso de la tierra, acordes con las condiciones físico-químicas y logísticas para lograr rendimiento productivo y calidad, está condenado a desaparecer, como ya aconteció con los subsectores productores, de trigo, cebada, soya y otros, con sofisma del “bien venido el futuro”.

Cuando una nación tiene gobiernos responsables, los beneficiados directos son los ciudadanos y en general la nación. El mejor negocio de toda nación es acabar con la pobreza.

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Hoy se lo demuestran al mundo, Rusia, China, Vietnam, Japón, Singapur, países nórdicos, entre otras. El régimen comunista ruso colapsó en 1901. No obstante, hoy es una potencia mundial, que le ha dado desarrollo al sector productivo, tecnológico y científico, en general, hasta convertirse en la primera potencia militar y nuclear del planeta, el mayor exportador de trigo, legumbres, abonos, recursos energéticos, entre otros, sin descuidar el bienestar socioeconómico de sus ciudadanos.

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