Sumidos en la pobreza

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Por Eduardo Gutiérrez Arias.

El director nacional del DANE, Juan Daniel Oviedo, en una entrevista con Yamid Amad en el noticiero CMI, dio a conocer los indicadores de pobreza en el país para el año 2019. La pobreza monetaria en Colombia llegó al 35.7% de su población, mientras el año anterior había sido del 34.7%. Este incremento del 1% frente al año 2018, nos muestra que ya antes de la llegada de la pandemia, la economía colombiana iba en retroceso. En el Huila la pobreza monetaria se ubicó bastante por encima del promedio nacional con el 51.2% de su población afectada, mientras la pobreza monetaria extrema llegó al 17.2%. Para nuestro infortunio, todos los seis departamentos del llamado Surcolombiano (Tolima, Huila, Caquetá, Putumayo, Cauca y Nariño), registraron indicadores bastante peores que el promedio nacional y están agrupados entre los 10 departamentos más pobres de Colombia, al lado de Chocó y La Guajira.

El propio informe del DANE muestra como este incremento de la pobreza se dio a costa principalmente del sector rural y esto explica de alguna manera porque los departamentos con prevalencia del sector agropecuario son los que registran hoy un mayor incremento de su pobreza y miseria. Es el resultado del enfoque minero energético y productor de comodities con ausencia de una reforma agraria integral dado a nuestra economía por los gobiernos de la última centuria, lo que nos han mantenido en el atraso y con grandes desigualdades sociales y a las regiones agropecuarias sin la posibilidad de apalancar su progreso en el desarrollo agroindustrial, el agroturismo, el ecoturismo, etc.

El Huila registró una pobreza extrema del 17.2%. Foto Suministrada

La región Surcolombiana, hoy epicentro cafetero de la nación con una producción del grano superior al 40%, una alta producción frutícola (pasifloras, cítricos, anonáceas, aguacate, papaya, piña), arroz, maíz, fríjol, inmensas potencialidades turísticas (aquí queda San Agustín, Tierradentro, el Desierto de la Tatacoa y hasta aquí llegaba el famoso Camino del Inca), requiere otro modelo de desarrollo nacional, no centrado en la producción de petróleo y carbón sino en energías limpias no contaminantes, el fomento agropecuario impulsado por una reforma agraria integral, el desarrollo industrial y agroindustrial y el impulso a grandes proyectos turísticos. Para ello requerimos de una infraestructura moderna de comunicaciones: las vías férreas que nos comuniquen con el Pacífico y el Atlántico, la navegabilidad de nuestros ríos, las carreteras de quinta generación, una red de vías terciarias funcionales y las conexión a todo tipo de servicios públicos esenciales, especialmente el internet. Sólo así nos llegará el progreso y una mayor equidad social.

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