La resignación es el pretexto de los cobardes, nos manifestó J. E. Gaitán. Y E. Galeano nos dijo que hemos guardado un silencia parecido a la estupidez. Analicemos, decidamos y actuemos. El caos institucional, moral, económico y social es inocultable. Y es imposible revertirlo y superarlo, bajo el marco institucional legal y estructura de poder vigente, coadyuvados por la actitud permisiva de la sociedad. Neiva Huila Colombia www.tvnoticias.com.co

Sombrío panorama institucional, moral, económico y social nacional

Actualidad Columnistas

Por Marcos Silva Martínez.

La resignación es el pretexto de los cobardes, nos manifestó J. E. Gaitán. Y E. Galeano nos dijo que hemos guardado un silencia parecido a la estupidez. Analicemos, decidamos y actuemos. 

El caos institucional, moral, económico y social es inocultable. Y es imposible revertirlo y superarlo, bajo el marco institucional legal y estructura de poder vigente, coadyuvados por la actitud permisiva de la sociedad.

Las instituciones públicas y Órganos de Poder, están cooptados por la politiquería y el clientelismo y bajo esa condición, al servicio exclusivo de los usufructuarios del poder público, político y los gremios económicos.

Son las causas que explican, por qué cada gobernante resulta peor que el anterior y por qué, ninguna reforma socioeconómica realmente equitativa logra ser aprobada.

Colombia está entre las seis naciones más inequitativas socioeconómicamente y de mayor concentración del capital y la riqueza.

Las reformas positivas en lo económico, social y jurídico, que radiquen para su aprobación, son modificadas por el congreso, según sus conveniencias y después de aprobadas, pueden ser desaprobadas o condicionadas por la Corte constitucional.

¿Y cómo eligen a los congresistas y magistrados?  Por votación “popular”, por nominación y designación de poder superior, proceso en los que se imponen intrigas, clientelismo, politiquería y conveniencias. Contrario a lo que debería ser: Debe ser únicamente por méritos académicos, éticos, morales, capacidad de liderazgo, examen de antecedentes, requisitos de edad.

Los magistrados deberían ser totalmente ajenos, a las tendencias del poder político de turno. No ocurre. Observamos cómo las Cortes reflejan cada día más conservadurismo en toma de decisiones, como consecuencia de la renovación de sus integrantes, tendencia acentuada desde el plan de desprestigio y persecución que les declaró a las Cortes el gobierno de Uribe, quien a pesar de múltiples y graves investigaciones, sigue disfrutando de total impunidad. Sin duda son efectos de la penetración de la politiquería, el clientelismo, la inmoralidad y corrupción, en el poder. Objetivo: apoderarse del poder público.

Los diabólicos hechos de inmoralidad, irresponsabilidad política y social, corrupción y festín de recursos públicos, en que están incursos individuos como el ex -Fiscal General de la nación (Martínez), magistrados, contratistas nacionales y extranjeros, ministros, jefes de gobierno, entre otros, tipifican la debacle institucional, moral, económico y social, cuyos efectos llegan a todos los sectores sociales, pero con mayor dureza a los más pobres.

Lo que se conoce como clase política, prefiere guardar silencio cómplice calculado, desde el mismo Presidente de la República, a la espera de que los beneficios de la impunidad institucional, protejan, absuelvan y reivindiquen al sindicado.

En lo económico-social, conocemos el ataque que el poder hace a las economías más débiles (IVA, retenciones), para cumplir las promesas de campaña, a los ricos y organizaciones gremiales. La entrega del patrimonio público a particulares, se da a través de ferias de privatizaciones a favor de particulares y de endeudamiento público confiscatorio. De esta manera, la deuda pública externa e interna, la deuda contingente y por vigencias futuras, ya supera el 100% del PIB.  De esa manera a apropiación presupuestal, para responder por el servicio de la deuda pública interna y externa, superó los $72 billones en 2020 y a finales de 2020, la deuda pública superó el 56% del PIB. El gobierno tiene oído sordo, y aprovecha el festín propiciado por la pandemia, a favor de gremios económicos y financieros. Así responde al clamor y reclamos justos de las mayorías, mientras festina el patrimonio y presupuesto público, sin solucionar nada concretamente.

Las naciones solo tienen una vía para superarse económica y socialmente: acabar con la pobreza e impulsar el conocimiento, el saber y garantizar la redistribución equitativa del ingreso y la riqueza, en general. Los gobiernos hacen oídos sordos a la problemática socioeconómica nacional, por proteger el negocio privado de la educación y la acumulación de capital y riqueza, en pocas manos.

La educación colombiana es de pésima calidad, y con los efectos de la pandemia, quedará al nivel de la Escuela de Doña Rita. La educación es un negocio al servicio de la especulación económico-social, bajo el espejismo del festín de títulos de posgrado. 

El conocimiento técnico-científico, debe ser protegido por el poder público y debe ser pertinente con el desarrollo nacional y global. Son condiciones que demandan planeación racional responsable, a corto, mediano y largo plazo e inversión estatal, en calidad de redistribución del ingreso.

Esto no existe en Colombia. Esta irresponsabilidad político-social es coadyuvante integral del debacle socioeconómico, moral e institucional en que está sumida Colombia. El pueblo sometido y segregado debe reaccionar. Debe liberarse de compromisos politiqueros. Debe dudar de sus dirigentes.  Debe evitar continuar equivocándose al elegir a sus gobernantes. Esto es válido en todos los niveles del poder público

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

5 × dos =