SE LE ESTÁ CAYENDO LA ESTANTERÍA A DUQUE

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Por Carlos Tobar

…y, al Centro Democrático. No les sale una. La minga indígena que tiene paralizado el suroccidente colombiano con epicentro en el Cauca, tiene contra la pared a un gobierno que, ha pretendido dar la imagen de un gobierno duro como el del mentor de Duque, el expresidente Uribe. “Mano firme, corazón grande”, todavía rebuzna el uribismo duro y puro, pretendiendo reeditar una época dorada, aquella de la primera década de este siglo 2002-2010, cuando a la sombra de la política de “lucha contra el terrorismo” del gobierno norteamericano de entonces y, de la confrontación con ‘la far’ en el plano interno, armó su ficción de “seguridad democrática” con la que amedrentó al país entero, particularmente los sectores del trabajo y la producción no monopólica, para cercenarles todo tipo de derechos, ahogarlos con las políticas de “confianza inversionista” y, arrodillarlos con medidas represivas para ver de impedir todo reclamo democrático. A la par, derrochaba la bonanza petrolera en políticas asistencialistas con las que sobornaba a los sectores más paupérrimos de la sociedad y confrontaba la “amenaza terrorista” encarnada en las “guerrillas”.

Hoy, los tiempos son otros. Ni los EE.UU. son los que eran, y, a su pesar, ‘LAS FAR’ se desmovilizaron. Pero, lo peor, la bonanza petrolera se acabó, derrochada en buena medida en una guerra interna, mediada por el descomunal negocio del narcotráfico, imposible de ganar. Entre muchas cosas porque los mayores beneficiarios, los grandes poderes económicos norteamericanos, no están interesados en que se acabe.

No leer bien los tiempos y, sobre todo, comprenderlos, ha llevado al gobierno de Duque y al uribismo como partido de gobierno, a meterse en peleas y confrontaciones absurdas como la de ayudar a derrocar el gobierno de un país vecino, Venezuela. Una pelea del poder imperial “gringo”, ávido de las riquezas petroleras de ese país que, no de mejorar las condiciones sociales deplorables de los venezolanos. Pelea que parece perdida y amenaza con enredarse en la confrontación geopolítica mundial.

En lo interno, “volver trizas el acuerdo de paz”, objetando parcialmente la ley estatutaria de la justicia transicional –la JEP– o tratar de imponer su plan nacional de desarrollo, para lo que, sin pararse en mientes, está atropellando a fuerzas políticas tradicionales como el Partido Liberal o Cambio Radical. El resultado es la pérdida de gobernabilidad con un congreso adverso que, probablemente, no le aprobará ninguna propuesta.

Y, como si esas dificultades fueran pocas, su principal “aliado”, el gobierno norteamericano acaba de darle una patada al tablero político de la lucha contra las drogas al señalar, el mismísimo Trump que, Duque es un buen tipo, pero no está haciendo nada en la lucha contra la cocaína porque el volumen que está entrando a los Estados Unidos es mayor que en el gobierno anterior.

Una salida clásica de los gobiernos norteamericanos que ratifica, una vez más que el gran capital tiene más que amigos, intereses

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