SANA ENVIDIA

Actualidad Columnistas

Por Aníbal Charry González

Como colombiano, siento verdaderamente sana envidia por el coraje y la dignidad de los indígenas y el pueblo ecuatoriano para reclamar sus derechos, frente a la complicidad del pueblo colombiano con la corrupción de la clase política tradicional, por la cual siguen votando para que lo siga robando y explotando en medio de la violencia que históricamente ha requerido para mantenerse vigente en el poder. Los ecuatorianos sí que nos han dado ejemplo de que son auténticamente un pueblo soberano para no dejarse imponer medidas esquilmadoras de su economía direccionadas por organismos como el Fondo Monetario Internacional (FMI), que son los que gobiernan realmente en el tercer mundo en contravía de los intereses de sus agobiados y empobrecidos pueblos.
Es así como producto de masivas protestas sociales tuvieron que renunciar en los últimos 10 años 3 presidentes ecuatorianos, y ahora que el presidente Lenin Moreno pretendió eliminar de un solo decretazo los subsidios al diesel y a la gasolina, la reducción de 30 a 15 días las vacaciones para empleados públicos y la disminución de en un 20% de los salarios como parte de un acuerdo con el (FMI) para recibir créditos por USD 4.200 millones para reducir el alto endeudamiento; haciendo valer su poderosa casta soberana lo pusieron a patrasear para no caerse, el lesivo Decreto 883 que eliminaba los subsidios a los combustibles, designando una comisión integrada por el digno y berraco (entendido como el mejor) movimiento indígena y el Gobierno Nacional para sustituirlo. Eso sí es ejercicio de soberanía popular.
Por eso reafirmo que siento envidia de la buena por la reacción del pueblo ecuatoriano convertido en una real fuerza política para propinarle civilizadamente una estruendosa derrota al presidente Moreno, en este país de depredadores políticos que solo piensan en su enriquecimiento torticero a costa del padecimiento nacional asaltando el presupuesto público por billones ante la inercia de nuestro pueblo contaminado igualmente por las marrullerías de sus gobernantes como lo estamos viendo en estas elecciones regionales, donde vamos a elegir a los mismos personeros que solo representan los intereses de la corrupción electoral.
Ojalá sigamos algún día el ejemplo de los ecuatorianos a quienes subestimamos por ser una población mayoritariamente indígena y dizque sin cultura, entendiendo que la soberanía del pueblo no es solo un artículo consignado en la Constitución para que los gobernantes corruptos que históricamente hemos tenido vociferen que ha sido elegidos legítimamente traicionando los intereses nacionales, sino un ejercicio de poderosa fuerza política para imponer su soberanía.

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