POLÍTICA MAFIOSA

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Por Aníbal Charry González.

Si una actividad mafiosa puede ser descrita como una organización con fines criminales para su propio enriquecimiento ilícito, bien podríamos afirmar por lo que sucede con la práctica de la política en Colombia, que se trata exactamente de un trajín de esta estirpe contrario a lo que debe ser el noble ejercicio de la política como instrumento para  gobernar en beneficio de los pueblos con miras a promover su bienestar social y económico. No otra cosa podemos concluir de una serie de conciertos para delinquir, claro, de quienes se dedican no a practicarla sanamente,  sino a envilecerla.

“Cuando se compite en una democracia como la colombiana se compite con plata, con violencia y con corrupción. Hasta que resolvamos esta falla de origen, vamos a seguir viendo en las campañas recursos del narcotráfico, violencia política y uso ilegal de recursos públicos. Eso sucede porque el sistema político está diseñado para que funcione de manera mafiosa o corrupta”. Sentenció con tino y sin ambages por lo que padecemos cotidianamente en nuestro país en épocas electorales, el politólogo, investigador y subdirector de la Fundación Paz y Reconciliación, Ariel Ávila, en una entrevista que le hiciera la periodista Cecilia Orozco Tascón publicada el domingo pasado en El Espectador.

Y es que los hechos criminales son tozudos para llegar a la conclusión de  que la política en nuestro medio funciona como una mafia, cuando Ávila agrega que se ha llegado al extremo de que “los contendores políticos están contratando sicarios” para eliminar a sus rivales, como ocurrió con el caso de la candidata de Suárez  en el Cauca, Karina García, y el candidato del Centro Democrático a la alcaldía de Toledo, Antioquia, y lo ocurrido en el norte del Valle, donde un actor en particular con motivaciones políticas que no se atreve a identificar por razones de seguridad, está detrás de la mayoría de estos hechos de violencia electoral.

Y es que no otra cosa se puede esperar de la actividad política mafiosa que se ejerce en alianza con grupos criminales para tener el control de las regiones para garantizar el ejercicio de actividades ilegales como el narcotráfico y la minería, y lo que es más generalizado, para manipular entidades públicas y direccionar presupuestos públicos con fines de enriquecimiento torticero, que es para desgracia nacional en lo que se ha convertido la política por la codicia incrementándose la violencia  para concretar sus siniestros objetivos, en medio de la impotencia del Estado para conjurar esta clase manifestaciones, a la cual hay que agregarle  la financiación ilegal de las campañas  en un sistema político electoral hecho a la medida de la corrupción y la violencia para el éxito político, que por supuesto no existe ninguna voluntad de reformar por parte de la clase política para garantizar que se mantenga ese ejercicio vitando del poder regional. Eso es precisamente lo que seguiremos padeciendo sin remedio en las elecciones regionales, donde salvo contadas excepciones, el poder quedará en manos de las bandas criminales de una u otra laya por el ejercicio mafioso de la política.

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