NO SOMOS NADIE

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Por Carlos Alberto Ospina (Tomado de eje21).

Antes que se ordenara el distanciamiento social para prevenir el contagio de la Covid-19 muchas personas tenían por costumbre adoptar una actitud fría y una postura amenazadora hacia los demás. A menudo, el desprecio y el gesto de mirar por encima del hombro dejaba en evidencia la escasez espiritual de algunos.

La fragilidad de la condición humana y la democrática muerte ponen a cada uno en su lugar; así nos portemos de tal o cual manera, el aparente el amor propio es el espejo de la pauperización interior y la falta de nobleza del ánimo.

En los tiempos difíciles varios piden cacao, lloran la vacía soledad y bajan la cabeza no en acto de contrición, sino de disimulo para no acordarse de lo que sucedió. Esta flaca memoria desconoce la vergüenza, pasa por alto la humildad y soslaya la reflexión.

El temor ablanda en la medida que la calamidad llega a domicilio de puerta a puerta. Ni los muros de la infamia ni las fronteras poseen valor real en sí mismo. Nada de eso aminora el estrés que representa la probabilidad de contraer o de contagiar la enfermedad.

Para qué tanto ruido que el sistema capitalista fracasó, llamando a volver a barajar el ordenamiento mundial, cambiar el código de conducta y redistribuir la riqueza. No somos nadie en la oscura realidad de los padecimientos a sabiendas que las soluciones tampoco son lineales. Todos los regímenes políticos y los modelos ideológicos parecen inocuos de cara a la Covid-19. Por esto, sí escupen se infectan, a la vez que se mezclan de forma indecorosa. Los poderosos y los distintos líderes no desenterrarán los muertos, más bien permanecerán silenciosos; aunque hagan algarabía.

Podemos superar la pandemia y nunca culminar la guerra. Por todo el mundo se extiende una epidemia denominada egoísmo e insatisfacción. La muerte de millones de personas palidece en presencia de las exigencias de diferentes fracciones que reclaman el beneficio propio.

La pobreza mental demanda ayudas sectoriales lejos de la solidaridad colectiva. El gobierno entrega subsidios, “¿por qué tan poquita plata?” Los banqueros dan dinero, “¡para qué después de quebrar a la gente!” Los productores de lácteos reparten bebidas, “¡qué tan mala leche!” El mensaje de texto indica la devolución del IVA para los estratos 1 y 2, entonces, “¿cuándo me consigan la plata?” El presidente Duque afronta la emergencia sanitaria y demuestra sensibilidad social, y salta Claudia López a romper la unidad de criterio para hacerle sombra.

La incultura y la indisciplina nos costarán miles de muertos. El individualismo destruirá cualquier orden de control y el punto focal será sálvese el que pueda.

El ritmo del hambre es aquí y ahora, como también lo es, evitar la propagación y controlar la enfermedad. De tal manera que, no hay dilema.

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