MAL DE FAMILIA

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Por Carlos Tobar

Los avances en el estudio de la genética nos han permitido comprender los factores de la herencia. Hoy sabemos que de padres a hijos, de ancestros a descendientes, a través del ADN, se transmiten las características físicas fundamentales de los seres humanos. Pareciera que el comportamiento humano también estuviera determinado por los mismos factores de la herencia. Lo digo por las actitudes asumidas por Clara López Obregón, presidenta del principal partido político de la izquierda democrática que anocheció jefe de la oposición y amaneció ministra del régimen que combatía. En el Polo Democrático deben estar de muerte. No es para menos. Tal muestra de inconsecuencia política desdibuja y debilita la lucha de décadas contra el modelo neoliberal que concentra la riqueza en manos del gran capital monopolista, a costa de los sectores de la producción y del trabajo. Exactamente lo que defiende y aplica el gobierno de Santos.

Sin embargo, la decisión de Clara López de dar tan tremenda voltereta, tiene antecedentes familiares en la historia del país. Su tío, el expresidente Alfonso López Michelsen, hace 50 años pasó de ser el encarnizado jefe de la oposición al Frente Nacional (un acuerdo político antidemocrático donde los partidos tradicionales –liberal y conservador– se repartieron los gobiernos en parte iguales, con alternación en la presidencia cada cuatro años, excluyendo a todos los demás ciudadanos que no pertenecieran a dichos partidos) para pasar a ser el gobernador del departamento del Cesar por designación del presidente Carlos Lleras Restrepo.

O sea que, este tipo de comportamientos no es nuevo en Colombia. Si se revisa la historia desde comienzos del siglo XX y lo que va corrido de este, esa ha sido la conducta recurrente de ciertos sectores políticos, especialmente de la “izquierda”, que se dejan enredar en la forma perdiendo de vista la esencia de clase que dicen defender. Hoy en el enfrentamiento de la ‘ultraderecha’ uribista y la ‘derecha’ santista, estamos con Santos, concluyen según su lógica tomista. ‘Todo por la paz’, es la justificación de Clara López. No importando que en lo esencial, sea decir, en la promoción y aplicación de la política económica y social del neoliberalismo, los uribistas y los santistas estén plenamente identificados. Qué rápido se olvidaron las enseñanzas del maestro Carlos Gaviria: “Sin sectarismos, pero sin ambigüedades”. Traducido en buen romance sería: firmeza en los principios, flexibilidad en la política de unificación del pueblo.

No auguramos nada bueno para los sectores que dicen representar a las clases del trabajo, si no afirman precisamente los principios sobre los cuales deben realizar su acción política. En Colombia, se ha sufrido del vicio del sectarismo infantil seudoizquierdista, pero sobre todo ha hecho daño el conciliacionismo con las élites dominantes. Ojalá, que el ‘mal de familia’ de la señora López pueda ser exorcizado para siempre.

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