Hacer oposición en Colombia es una labor altamente peligrosa. Baste recordar que algunos de los mejores líderes del país que la hicieron terminaron asesinados como Rafael Uribe Uribe, Jorge Eliecer Gaitán, Jaime Pardo Leal, Bernardo Jaramillo Ossa, Carlos Pizarro y Luis Carlos Galán. En nuestro país no hemos podido crear un régimen verdaderamente democrático con una autentica separación de poderes y donde haya una clara diferencia entre Estado y Gobierno. Aquí el Presidente antes que un dirigente democrático de gobierno es un dictador que le impone sus decisiones a todos los órganos del poder público. Duque y su partido, el Centro Democrático, con 20 años en el poder, manejan a su antojo el Congreso de la República con unas mayorías compradas con mermelada y corrupción; han variado la composición de las altas cortes del poder judicial (Corte Suprema de Justicia, Corte Constitucional y Consejo de Estado) para que ellas respondan a sus intereses; y tienen en sus manos la Fiscalía, la Procuraduría, la Contraloría y la Registraduría Nacional del Estado Civil Los riesgos de la oposición Neiva Huila Colombia www.tvnoticias.com.co

Los riesgos de la oposición

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Por Eduardo Gutiérrez Árias.

Hacer oposición en Colombia es una labor altamente peligrosa. Baste recordar que algunos de los mejores líderes del país que la hicieron terminaron asesinados como Rafael Uribe Uribe, Jorge Eliecer Gaitán, Jaime Pardo Leal, Bernardo Jaramillo Ossa, Carlos Pizarro y Luis Carlos Galán. En nuestro país no hemos podido crear un régimen verdaderamente democrático con una autentica separación de poderes y donde haya una clara diferencia entre Estado y Gobierno. Aquí el Presidente antes que un dirigente democrático de gobierno es un dictador que le impone sus decisiones a todos los órganos del poder público. Duque y su partido, el Centro Democrático, con 20 años en el poder, manejan a su antojo el Congreso de la República con unas mayorías compradas con mermelada y corrupción; han variado la composición de las altas cortes del poder judicial (Corte Suprema de Justicia, Corte Constitucional y Consejo de Estado) para que ellas respondan a sus intereses; y tienen en sus manos la Fiscalía, la Procuraduría, la Contraloría y la Registraduría Nacional del Estado Civil. Si a esto le sumamos el apoyo incondicional de los grandes conglomerados económicos del país y los principales gremios de la producción, se entenderá como es de difícil construir un poder político democrático para acabar con la miseria, reducir la pobreza y conquistar la equidad social y la libertad.

Hoy, diversos proyectos maquiavélicos se vienen gestando desde la orilla del actual poder para consolidarse en el mismo, como la intentona de una reforma constitucional para prorrogar el periodo de Duque y del Congreso por dos años más, bajo el pretexto de unificar períodos con gobernadores y alcaldes, o el proyecto de ley para acabar con las garantías electorales, facilitando el uso de dineros públicos en la próxima campaña presidencial, o la intentona de reforma legal para autorizar el voto de los 500.000 miembros de las Fuerzas Armadas, confiados en que esta es una estructura de poder que apoya la derecha y la ayudaría a permanecer en el gobierno. También la acusación contra Petro porque en este receso del Congreso salió del país, para visitar a su mujer e hijos, asilados en Europa por las amenazas contra sus vidas.

Gustavo Petro al proponer un “Pacto Histórico” no excluyó a la derecha. Como con ella los programas de gobierno son totalmente diferentes y no son posibles alianzas de gobierno, el pacto debe ser para respetar la constitución de 1991, la división y autonomía de los poderes públicos y unas elecciones transparentes, así como el respeto reciproco entre ganador y oposición.

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