A un profesor de una escuela rural, en una región donde históricamente han hecho presencia las guerrillas, le llega el día en que dentro del currículo de clases debe enseñar sobre la Revolución Francesa, un evento histórico en el que aparecen términos como lucha, revueltas, clases sociales y otros tantos que motivaron y registraron uno de los grandes cambios en la historia política y social de los últimos siglos La paz vendrá del campo tvnoticiascol www.tvnoticias.com.co paz territorial conflicto armado Colombia educación rural vida lenguaje

La paz vendrá del campo

Actualidad Educación / Empleo

Por Miguel Martínez Delgado (Pesquisa javeriana. Edición 58)

A un profesor de una escuela rural, en una región donde históricamente han hecho presencia las guerrillas, le llega el día en que dentro del currículo de clases debe enseñar sobre la Revolución Francesa, un evento histórico en el que aparecen términos como lucha, revueltas, clases sociales y otros tantos que motivaron y registraron uno de los grandes cambios en la historia política y social de los últimos siglos.

¿Cómo hablarle a los niños y niñas de revolución cuando llevan toda su vida entre luchas y enfrentamientos, viendo actores armados y viviendo las consecuencias del conflicto colombiano? Además, ¿de qué manera explicarles a los actores armados de la zona que los contenidos que enseña hacen parte de un plan de estudios y no tienen un fin adoctrinador? Un mal paso, una mala explicación podría poner en riesgo su trabajo y de paso su vida.

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A este tipo de contextos se enfrentan los profesores rurales de muchas zonas del país en los que la respuesta del Estado desde la paz institucional se ha quedado corta. ¿Qué hacer con un contexto tan complejo y diverso?

Fotografía: Miguel Martínez Delgadillo

La paz territorial

Cuando las políticas públicas de ‘arriba hacia abajo’ que ofrecen las autoridades como respuesta a las formas de conflicto en las regiones no son suficientes, las mismas comunidades desarrollan iniciativas ‘desde abajo’, originadas en las bases comunitarias, que les permiten enfrentar las particularidades del entorno territorial.

La presencia de actores armados, distintas formas de violencia, violación de derechos humanos, variedad en los tiempos e intensidades de las acciones violentas y las políticas estatales son algunos de los factores que hacen que, en cada territorio, se viva el conflicto de manera diferenciada a las demás.

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Para Juliana Molina Ríos, profesora del departamento de Lenguas de la Pontificia Universidad Javeriana, la paz territorial es una práctica social comunicativa. “Implica que la entendamos desde los escenarios específicos del mismo desarrollo histórico del país y también desde los escenarios geográficos, porque hay de fondo una noción del territorio, en donde se configuran las relaciones sociales desde las cuales significamos e interpretamos el mundo”, dice la experta.

Molina trabajó con profesores rurales del departamento de Arauca para comprender su forma de entender y de practicar la paz territorial desde las aulas. De allí, desarrolló su tesis doctoral llamada La educación rural en territorios afectados por el conflicto armado: estudio del ideologema Paz Territorial.

“Los maestros rurales entienden que la paz territorial, en últimas, tiene que ver con la superación de las condiciones que dieron origen a la guerra: la pobreza, la desigualdad social, la falta de acceso a la educación de calidad, una vivienda digna, una salud digna”, afirma. Desde allí, buscan estrategias y acciones que superen estas condiciones y se adapten a estos entornos.

Molina argumenta que la paz implica una comprensión específica del impacto del conflicto en cada territorio del país y está ligado al desarrollo comunitario: por lo tanto, no debe ser comprendida como un término genérico que se puede aplicar de forma global.

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“Los maestros tienen claro que la paz no es solo el desarme de la guerrilla” Juliana Molina.

Las comunidades de muchas regiones del país han tenido que aprender a vivir en medio de actores armados que, ante el abandono estatal, han ejercido autoridad y poder. Sin embargo, los profesores entienden que la paz es mucho más profunda que la superación de los enfrentamientos bélicos.

Enseñar en medio del conflicto

Durante décadas, el conflicto armado que vive el país ha estado presente en la vida de muchas comunidades rurales. Allí reconocen la labor de los profesores, pues son los que imparten conocimientos a los niños, pero también, en muchas ocasiones, protegen a la comunidad del accionar de actores armados.

En su investigación, Molina relata varias experiencias en las que los rectores y profesores del departamento han tenido que enfrentar amenazas directas por parte de los grupos armados por negarse a aceptar o rechazar a algunos estudiantes en las escuelas.

Fotografía: Juancho Torres / Agencia Anadolu

Son los profesores del área rural quienes muchas veces mantienen el tejido social ante expresiones violentas y son figuras de autoridad civil ante el abandono y la falta de soluciones por parte del Estado. En estos casos son agentes de cambio y constructores de paz desde la región.

Otra situación que enfrentan son los condicionantes a la libertad de cátedra por presiones de padres de familia y actores armados, pues existe el riesgo de generar fricciones por diferencias políticas frente a temas sociales incluidos entre los currículos escolares.

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Glotopolítica: una manera de entender el lenguaje y su impacto en la sociedad

Y es que ser profesor en este tipo de contextos no es nada fácil. Durante generaciones se ha usado la violencia para resolver diferencias, pero los profesores de Arauca han venido trabajando no solo con los estudiantes sino también con las familias para cambiar comportamientos cotidianos y enseñar que más allá de las acciones estatales, la paz se construye desde acciones sencillas del día a día.

De allí la importancia de abordar el problema desde el lenguaje y los discursos. El campo de estudio de la investigadora Molina es la glotopolítica, una rama de la sociolingüística que entiende el lenguaje no solo como una forma de comunicación, sino en su componente político, que configura prácticas sociales y que finalmente es el que regula la vida social.

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“Una maestra señalaba, por ejemplo, que los juegos de los niños consisten en que unos hacen de guerrilleros, otros de paramilitares, con palos simulan fusiles y ven quién mata primero a quién. La maestra decía que empezó a mostrarles otro tipo de juegos, que pueden ser competitivos pero que no implica la rivalidad o desaparecer al otro”, menciona Molina.

Pero también pone de presente la necesidad de desescalar el lenguaje cotidiano porque se quiera o no, tiene múltiples implicaciones en la vida real. “Si yo le digo a un estudiante: ‘inteligente, bruto, brillante, bobo, tonto’, no solamente es decirlo y ponerle la etiqueta, sino que eso lo ubica en un sistema social con unos roles y unas tareas particulares”, explica.

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Esos intercambios comunicativos muestran la carga e importancia del lenguaje como un configurador de prácticas sociales. Evidenciarlo y modificarlo es fundamental en el proceso de construir paz.

Repensar la educación rural para construir paz territorial

La docente javeriana hace un llamado a reconocer en los profesores rurales un actor fundamental en la construcción de paz territorial en las regiones. Para ello se deben ofrecer garantías en el desarrollo de su labor tanto en libertad de cátedra, como en temas de seguridad, insumos y herramientas de enseñanza.

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Además, tener en cuenta su voz y los años de conocimientos que llevan acumulados en la construcción de las políticas públicas que los afectan. “Quienes están en las secretarías de educación generalmente no son maestros, son abogados o administradores. Por supuesto que necesitamos un diálogo con ellos, pero tenemos que hablar con los profesores, contar con su experiencia profesional y de vida de ser maestro rural, porque hoy no se está haciendo”, señala.

Para la investigadora, este proceso también debe tener en cuenta los contextos regionales y que los estudiantes reciban educación acorde a su contexto. “No se puede ofrecer el mismo programa educativo en La Guajira, en Arauca, en Nariño. Cada región tiene sus particularidades”, manifiesta.

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Otro de los reclamos que hacen los profesores y que quedaron registrados en la investigación de Molina es el incumplimiento de los compromisos del Acuerdo de Paz.

“Se prometió que todas las escuelas rurales iban a tener su titulación de tierras. Una maestra duró tres años luchando por una escrituración. O el maestro que dice que prometieron un restaurante y no lo tiene, o una cancha deportiva, pero la entregaron sin techo y por el clima de Arauca nadie la usa”, explica la investigadora.

Molina es enfática en señalar que hay una deuda histórica con los profesores rurales del país, a pesar de los grandes aportes que hacen en la construcción de paz en muchas regiones. Finaliza haciendo un llamado para repensar y reconfigurar la educación de la mano de los maestros rurales donde se reconozcan sus saberes, prácticas y experiencias.

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