La pandemia. Una oportunidad para la crisis de los medios y el periodismo Neiva Huila Colombia www.tvnoticias.com.co pandemia medios de comunicación

La pandemia: ¿Una oportunidad para la crisis de los medios y el periodismo?

Actualidad Columnistas

Por César Augusto Useche Losada.

La crisis de los medios de comunicación de masas (los mass media), y concomitante, del periodismo, es una verdad de a puño. Desde cuando surgieron, según algunos autores, con el Acta Diurna del emperador romano Julio César, hasta la creación de los primeros emporios de la información en la segunda mitad del siglo XIX y su consolidación a lo largo del XX como auténticos poderes por su capacidad de influir sobre la opinión pública, nunca habían experimentado una crisis económica y de credibilidad tan profunda, general y global como la que experimentan ahora mismo.

Los mass media nacieron con el poder. Han ejercido una influencia tal en la opinión pública que escapaban al control de los ciudadanos. Hemos de ser honestos (los periodistas, digo) y reconocer que la tan defendida libertad de prensa, solo ha existido para los dueños de las rotativas, cadenas de radio y televisión. Hasta que surgió la Internet, hace poco más de 30 años, de la mano del vertiginoso desarrollo de la electrónica, la computación y la robótica.

No se trata de un asunto entero tecnológico. Es aceptado y comprobado el principio de convergencia: primero surgió y se consolidó la prensa escrita, que del bando pasó a la imprenta de Gutenberg, la linotipia, las rotativas, la composición y diseño electrónicos; al tiempo que las ondas herzianas de la radio y la televisión, no la suplantaban, sino que la complementaban. Entonces, Internet no significa, una amenaza en términos tecnológicos, al contrario, es la más revolucionaria de las oportunidades, pero no solo para los mass media y el periodismo, sino en general para el campo de la informática y comunicación social.

El asunto está en que la Internet y todos los desarrollos de aplicaciones y artefactos que la complementan y potencian, han significado por primera vez en la historia, una democratización real, concreta de la comunicación social, no obstante las dificultades de acceso y cobertura para varios millones de personas en todo el mundo; pero tales restricciones, son explicables por la pobreza y la ignorancia, mucho más que por la complejidad tecnológica. Al contrario, esa misma complejidad hace hoy más simple y fácil que nunca, la elaboración de mensajes empleando múltiples lenguajes (la multimedia), para cualquier persona que medianamente escriba y lea: estas nuevas tecnologías, sean duras (artefactos) o blandas (aplicaciones, lenguajes, programas), son intuitivas. El asunto es de tal dimensión que en breve, quizás menos de dos años, por primera vez en la historia humana, al menos dos grandes corporaciones multinacionales, proveerán conexión global a Internet, sin importar en qué lugar geográfico (el Sáhara o el Amazonas, el Everest o el Cañón de Colorado), uno se encuentre. Y ni qué decir, de la forma como nos ha facilitado el trabajo a los periodistas.

Así que en efecto, la amenaza para los mass media deviene de la oportunidad de democratización de la comunicación. Acostumbrados como estaban a ser el llamado ‘cuarto poder’: dirigir y manipular la opinión pública en función de los intereses del mercado capitalista y de los objetivos políticos de sus propietarios. Internet y las nuevas tecnologías han dado al traste con su monopolio. Parece un contrasentido, que la democratización de una acción humana esencial, la comunicación, los amenace, siendo que los medios se habían auto eregido como atalayas, adalides y guardianes de la democracia y las libertades públicas. Ahora, ese pedestal de barro se desborona como merengue en el paladar. Para bien y fortuna, por cierto.

¿En qué va a parar el periodismo y la comunicación social profesional, entonces? ¿Desaparecerán los medios? Hay quienes sostiene que si, que ocurrirá dentro del próximo decenio. Ahí está el debate. En aras de la discusión, varios hechos se pueden constatar sin mucho problema: uno, la clausura por quiebra de numerosas empresas a lo largo y ancho del planeta, y la migración a Internet de todas las que restan (diría que sin excepción), con el consiguiente despido o liquidación de miles de trabajadores de la comunicación social. Dos, la creación explosiva de millones de medios de información y comunicación de toda índole, colectivos o unipersonales, comerciales o sin ánimo de lucro; un verdadero enjambre. Tres, la consolidación y expansión de las llamadas redes sociales. Cuatro, el surgimiento de un nuevo puñado de corporaciones tecnológicas súper poderosas, más de lo que fueron o son los grandes medios (Google, Facebook, Twitter, Amazon, Alí Baba) que se resisten a cualquier acción de control por parte de los estados o de las comunidades de naciones; corporaciones que saben hoy todo o casi todo de nosotros. Cinco, la proliferación de la noticias falsas y la construcción de ‘realidades’ virtuales, en ocasiones de tal grado de sofisticación, que engañan hasta el más avezado de los internautas. Algo que también dejó de ser un privilegio de los mass media y las agencias de espionaje. Hoy, literalmente cualquiera puede hacer un montaje.

En mi modesta opinión, los mass media no desaparecerán, se adaptarán y transformarán, pero su poder no será más nunca lo que fue. El asunto es que mientras ese reacomodo del modelo del negocio ocurre, los grandes medios, de forma más visible que antes, se están convirtiendo en una amenaza real de las libertades públicas (individuales y colectivas). Son ellos, y no únicamente los gobiernos, los que agencian tanto al interior de los estados nacionales como de las comunidades de naciones, caso la Unión Europea, legislaciones para restringir la Internet libre, so pretexto de defender las libertades y la democracia. Alegan que son necesarios los filtros, como si la existencia de tales, sea garantía de la veracidad de la información, o lo haya sido. Hoy y siempre, los medios grandes o chicos, sin excepción alguna, han publicado solo lo que encaja en sus intereses. Sencillo y llano: en Internet se publican tanto verdades como mentiras, igual que en cualquier otro medio tradicional y convencional.

Entonces, digamos las cosas como son: a lo que temen los grandes medios es a la democrarizacion real de la comunicación social, del periodismo; a su pérdida de influencia y control omnímodo; a la merma de sus ganancias; a convertirse en nada. Y esta dramática realidad, imparable, los hace una amenaza para la sociedad. No es sólo la opinión de este humilde redactor, también nos lo advierten connotados pensadores.

¿Somos concientes de esto los periodistas? Lo dudo. Como ha sido siempre, la lucha por sobrevir económicamente, y conservar de paso la prepotencia y vanidad que en general nos ha distinguido, nos ciega. O miramos para el lado.

Por otra parte, hay lugar a preguntarse ¿en qué andan las facultades de comunicación social y periodismo? ¿Seguirán titulado a centenares de personas para un campo laboral en crisis absoluta? ¿Qué dicen las agremiaciones de periodistas?

Urge el debate constructivo. Más ahora que la pandemia del Covid-19 ha terminado de hacer compleja y difícil las cosas para todos (pandemia que por cierto está siendo manejada de forma irresponsable por los medios, que en busca de audiencias, se dedicaron a siembrar el miedo).

A mi modo de ver, son muchas las tareas por emprender por parte de los trabajadores de los medios, de sus agremiaciones, de las facultades e institutos de formación profesional del ramo. Se me ocurren algunas:

Crear un programa o plan para fomentar creativamente el debate, y alentar la autocrítica profesional.

Ofrecer de forma permanente, información pertinente, cualificada y crítica sobre estas importantes cuestiones (y otras más), que apenas soslayo en este texto.

Impulsar el autoaprendizaje y la autoformación permanente en las nuevas tecnologías, ofrecer bancos de fuentes y recursos para tal tarea. Pero también, en valores y principios (en particular la asunción de un nuevo marco ético biocéntrico, que coloque la ecología y el medioambiente como punto nodal de toda convivencia).

Capacitar en las nuevas formas del negocio de la comunicación, de captación de recursos económicos por parte de los periodistas y comunicadores sociales, dentro de un marco ético.

Apoyar a través de la creación de fondos de financiación, becas y premios, a los nuevos medios digitales, sean estos colectivos o individuales.

Brindar información legal y oponerse por todas las formas legítimas y pacíficas, al control y regulación de la Internet, bien sea por parte de los estados, gobiernos o corporaciones.

Y por sobre todas las cosas, pienso, reconocer, que atravesamos como humanidad, como como modelo civilizarorio, una crisis sin par, que transciende la política y la ideología: la crisis del capitalismo, de su forma más brutal y despiadada, el neoliberalismo. Que la amenaza de la autoextinción por la depredación de la Naturaleza es real. Que es necesario reivindicar y potenciar las formas comunitarias y solidarias de convivencia sobre el individualismo a ultranza que nos carcome.

La resolución de la pandemia, está más lejos de lo que imaginamos. Son varios los escenarios posibles. Quizás el menos probable en el corto y mediano plazo, pero el más seguro para la existencia, no solo de los humanos, sino de todas las formas de vida, mientras la dinámica natural de la Tierra lo permita, es la construcción de un nuevo modelo civilizatorio. No le pongamos nombre, solo la condición de superar, repito, en forma gradual pero sin pausa, el capitalismo, en particular su fase neoliberal. Todo este debate y autocrítica que modesta pero honestamente propongo, para que valga la pena, debe estar inscrito en esa gran perspectiva de cambio y transformación. Para en verdad hacer del periodismo una profesión noble al servicio de la sociedad, no del capital y el poder.

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