LA OPOSICIÓN

Actualidad Columnistas

Por Aníbal Charry González

En este país de políticos infames, el binomio gobierno oposición como garantía de una auténtica democracia ha sido una quimera, porque en verdad  no ha habido tal ejercicio, salvo para declarar la oposición por cuestiones mezquinas de poder y de mal reparto burocrático, como la feroz que hiciera Laureano Gómez a Marco Fidel Suárez, al punto de hacerlo renunciar a la presidencia en 1921 bajo la amenaza de un juicio por indignidad por haber cometido el delito de empeñar su sueldo para atender la enfermedad de su hijo enfermo, dado que Suárez era un hombre sin bienes de fortuna y honrado, incapaz  de utilizar el poder para su propio enriquecimiento como ha sido normal en esta republiqueta macondiana.

Y más recientemente, por supuesto, la obstrucción sistemática que no oposición, que hiciera Álvaro Uribe a  Santos señalado como presidente por él como ocurrió ahora con Iván Duque, por considerarse traicionado al no continuar con su sangrienta política de seguridad democrática, a tal extremo de sindicarlo durante los 8 años de gobierno  de los latrocinios más graves contra el Estado; de entregarle el país a las Farc; de ser el gobierno más corrupto de la historia, y, de adehala, de ser aliado del terrorismo y del castrochavismo. En suma, oposición de manada felina, si así se puede llamar esta práctica ruin que generó la polarización  de que ahora se duele el presidente electo, que promete gobernar sin los odios de su mentor, pero quejándose de que le hagan oposición antes de posesionarse.

Y es que bastó que el candidato de la Colombia Humana, Gustavo Petro anunciara en vigencia del Estatuto de Oposición que nunca habíamos tenido, que hará oposición al gobierno entrante pero de una manera activa con movilización ciudadana para luchar “contra el 70 por ciento de maquinarias con las que contará Duque”, para que todos a una de la mano de no pocos áulicos de los medios, salieran a sindicar a Petro de saboteador del nuevo gobierno y de “teñirse de actitudes insurreccionales frente al orden social y político”, como lo hiciera con vileza el otrora uribista Gabriel Silva Luján para congraciarse con Uribe ahora que retomó el poder, y lo que es todavía más mezquino e incendiario, afirmando que es una oposición que “produce miedo”, poniendo este ejercicio democrático en la mira de la intolerancia y la represión consuetudinaria en este país de matones con quienes hacen oposición o protestan contra el establecimiento.

No será fácil el ejercicio de la oposición racional cuando todos los nuevos gobiernos reclaman unidad pero alrededor de sus designios así vayan en contravía de los intereses nacionales, pero a cambio del reparto milimétrico de la torta oficial  para tener a todos con la boca llena y seguir fraguando el asalto de siempre al tesoro público. Y por eso ya el nuevo ministro de Defensa ha hablado de “reglamentar” la protesta ciudadana como una forma de intimidar la oposición ya suficientemente amenazada con el asesinato sistemático de líderes sociales y políticos. Porque aquí solo se aplaude la oposición miserable y de jauría que hacen los políticos del régimen

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