La insuficiencia del gobierno de Iván Duque

Actualidad Política / Judicial

Por Julian Bonilla Montenegro.

GOBIERNO PARA UNOSPOCOS

Las últimas semanas permitieron confirmar que el gobierno está desconectado de las prioridades y las demandas sociales.

El presidente y su equipo se limitan a complacer al jefe de su partido político y a quienes financiaron su campaña del 2018. Por eso ellos dan muestras de una actitud más y más autoritaria, tal vez con la esperanza de lograr el patrocinio para las elecciones del 2022.

Lo anterior se refleja en los actos y en las declaraciones que no respetan los fallos judiciales, y en las críticas abiertas a los jueces, particularmente cuando el afectado es el expresidente Uribe Vélez.

Violencia urbana y rural

Septiembre fue un mes agitado en la política nacional.

En un claro caso de brutalidad policial, el 8 de septiembre asesinaron al abogado Javier Ordóñez. Las grabaciones muestran el sometimiento injustificado mediante choques eléctricos y una posterior golpiza dentro de un CAI. Los análisis forenses señalan que las lesiones fueron tales que algunos órganos internos quedaron destrozados.

Al día siguiente y gracias a la difusión del caso a través de las redes sociales, se exacerbó el descontento con el gobierno y se dieron protestas callejeras, quemas de CAI y enfrentamientos con la Policía.

La Policía optó por enfrentarse a la población civil con armas de fuego y ocasionó varias muertes. Las protestas duraron varios días y opacaron otros aspectos graves de la inseguridad en el país: las masacres y los asesinatos de líderes sociales.

Simplificando: si las protestas y la brutalidad policial fueron un fenómeno esencialmente urbano, otros actos de violencia se concentraron en el ámbito rural, donde infortunadamente se ha registrado el grueso de la violencia en Colombia.

Foto: Informe Veeduría Distrital – El 9 y 10 de septiembre la policía decidió salir a increpar y a dispararle a los manifestantes.

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CONFLICTO ENTRE OPINIONES

En las redes sociales circularon diversas opiniones. Por un lado, estaban quienes denunciaban la brutalidad policial, solicitaban el desmonte del ESMAD, la separación entre la Policía y el Ministerio de Defensa —una particularidad del sistema político colombiano— y más capacitación de la fuerza pública en materia de protección y respeto de los derechos humanos.

Por otro lado, estaban quienes procuraron exculpar a la policía. Por una coincidencia, apareció en las redes información que etiquetaba a Ordóñez como una suerte de problema social: una persona irresponsable y agresiva.

Era como si estos individuos aprobaran el asesinato de una persona, puesto que podría ser ‘mala’ para la sociedad. Para ellos, si alguien tiene antecedentes penales la Policía puede tratarlo de manera inhumana.

Finalmente estaba la narrativa del gobierno, el cual defendió la ‘gallardía’ de la Policía y negó cualquier clase de reforma. Incluso, durante esos días circuló información sobre un aumento de los recursos del ESMAD y un recorte del presupuesto para el ICBF y la atención a la primera infancia en Colombia.

La prioridad está clara: debe prevalecer la identidad de una organización con una capacidad operativa tan amplia que puede actuar bajo cualquier circunstancia y sin que medie ninguna limitación.

Foto: Facebook Iván Duque – El gobierno parece con su actitud querer justificar lo que está pasando con la Fuerza Pública.

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LA ESTRATEGIA DEL GOBIERNO

Para promover esta idea el gobierno construye un discurso que puede atraer a quienes tienen más afinidades con los modelos autoritarios. Según este, quienes protestan son vándalos que ejecutan actos terroristas para tomarse el poder.

Un mínimo de astucia es suficiente para demostrar que el mismo gobierno descuidó la seguridad, particularmente el Ministerio de Defensa, si permitió que un grupo reducido de la población desestabilizara el régimen político. También falla creyendo que hay que buscar nuevas formas de proceder contra quienes pretenden oponerse al control de la población civil por parte de los agentes del Estado.

Este gobierno está recogido en una óptica separada de la realidad social. Las estrategias discursivas que maximizan los asuntos baladíes en detrimento de los problemas sociales muestran que el gobierno no se preocupa por la sociedad civil.

Ahora las formas narrativas se concentran en defender a Uribe mediante un despliegue mediático dilatado, ataques a las desmovilizadas FARC y a cualquiera que pretenda arremeter contra ‘la seguridad pública’.

Esto es un problema de apreciación por parte del gobierno Duque. Los encargados de las comunicaciones desde la presidencia deben tener más en cuenta los problemas sociales, aunque no sabemos cuál es la información que recibe la Casa de Nariño sobre los acontecimientos vividos en el país, ni cómo son interpretados.

Foto Presidente Iván Duque Márquez.

Es importante otorgarle nuevas herramientas para comprender la realidad social a un político que no tiene habilidades comunicativas. Si alguien ve el espacio diario de la presidencia para estudiar la situación de la pandemia, observará que el lenguaje verbal y el cinético-corporal denotan a alguien agotado del rol que ocupó después de ser impulsado por los grandes medios como “el que dijo Uribe”.

Es probable que las estrategias de comunicación alrededor de Duque sean similares a las que se vivieron en el cuento de Andersen “El traje nuevo del emperador”. Los encargados de la comunicación y la interacción con el pueblo probablemente se enfoquen en demostrar que una opción contraria a la oficial es propia de estúpidos que son incapaces de comprender la magnitud de la obra del gobierno.

Por lo pronto hay que esperar por alguien en el interior del gobierno que tenga la capacidad de gritar que el presidente está desnudo y sigue siendo un hazmerreír dentro y fuera de la sociedad colombiana.

Por Julian Bonilla Montenegro. Estudiante de Doctorado en Ciudadanía y Derechos Humanos de la Universidad de Barcelona y del doctorado en Ciencias Políticas y de Administración y Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid. Docente investigador, Universidad Libre de Colombia.

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