LA DEUDA CON LA EDUCACIÓN

Actualidad Economía / Finanzas

Por Aníbal Charry González.

Se sabe de vieja data que el camino del desarrollo de cualquier sociedad es la educación, pero aquí en el reino de la  politiquería y la corrupción, solo sirve de vocinglería para campañas políticas y  propaganda estéril de todos los gobiernos, y por eso hemos acumulado una deuda histórica con la educación que nunca vamos a pagar porque en el establecimiento no ha existido ni existirá  voluntad política para invertir en  educación transformadora,  como ha ocurrido en otras sociedades, salvo que aparezca un tirano iluminado que entienda que solo con medidas draconianas para combatir la corrupción y destinando la mayor cantidad de presupuesto para la educación se puede desarrollar y sacar del atraso y la violencia una sociedad.

Aquí, también lo sabemos, no existen políticas de fondo: ni para combatir la corrupción porque el establecimiento se sostiene con ella, ni para  fortalecer y masificar la educación con calidad, porque la ignorancia es su instrumento de dominación. Solo una minoría pudiente tiene acceso a la educación, porque la universidad pública siempre ha vivido en déficit en todas las épocas y gobiernos, al punto que esa deuda intemporal según el Sistema Universitario Estatal, es de 3.2 billones de pesos en funcionamiento y de 15 billones en infraestructura, requiriéndose no más para el 2019, 4.5 billones para salir de la crisis, por lo que constituyen una birria los 500.000 millones de adición que anunció el cuestionado ministro de Hacienda  durante el próximo año.

Por eso, razón tienen los rectores de las universidades públicas que se reunieron en el recinto de la Cámara de Representantes -donde espantaban porque no había sino un puñado de  representantes-, en exigir una política de fondo para la financiación de la educación pública, lo cual es una quimera  y para lograrla tendría  que paralizarse toda la comunidad estudiantil con protestas y movilizaciones que terminarían siendo consideradas subversivas según la tesis del lúcido ministro de Defensa Botero, sin que al final nada se consiga como siempre ha sucedido.

Siendo una obligación del Estado garantizar la educación pública, nos tocará apelar al genial magín de la senadora Paloma Valencia -avezada en propuestas fanáticas y discriminadoras como las de dividir al departamento del  Cauca entre blancos y mestizos y negros e indígenas, y en reemplazar  el  corazón de Jesús por el divino rostro de su patrón  Uribe como ella ya lo hizo-; de que los egresados del sistema de cofinanciación de la educación superior de la siguiente generación aporten el 20% de su salario durante 10 años, cuando muchos   además de  salir bien endeudados, duran años sin conseguir trabajo.

Escolio. Con la crónica investigativa de Jorge Gómez Pinilla en El Espectador, que no tiene como refutar el alcalde Lara, quedó demostrado que llegó al cargo a pagar a los traficantes electorales de siempre la financiación de su campaña, contrario a su estribillo  que terminó convertido en falacia: “de que al que le pagaban para llegar llegaba a pagar”, porque eso fue exactamente lo que hizo. Y los que aportaron decentemente, que aspiraban a obras transformadoras para Neiva como pago, se quedaron esperando

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