LA BELIGERANCIA DEL PROFESOR

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Por Luis Alfredo Ortiz Tovar.

Si entendemos la beligerancia en el escenario de la actitud combativa y tenaz frente a lo injusto, no cabe duda que el que con más vehemencia debe hacerlo es el profesor. Es de la esencia de los intelectuales, ser beligerante, precisamente porque la intelectualidad debe estar al servicio de las injusticias, de las nobles causas, y de los propósitos altruistas. Esta connotación debe estar de lado del profesor. O sea que ser profesor es tener  actitud para abrir los ojos ante el oprobio, educar en conciencia, y ser crítico de la realidad que lo circunda, y comprometerse con quien tiene a su frente para colaborar en su formación, moldear su proceso, y generar más que respuestas  preguntas. Profesor no es el que enseña, profesor es el que abre al debate lo que conoce, y esparce un horizonte para que su recipiendario sueñe con un mundo distinto, donde quepa el disenso, e impere el derecho a no tragar entero. En consecuencia, profesor no es el que sin razón suficiente persuade a su alumno a que dos por dos es cuatro, y cinco por ocho cuarenta, o el que geográficamente le indica donde está ubicada Bielorrusia, o Croacia, o que la fórmula del agua es H2O.

Quien transforma educa, y quien educa cumple el papel más emblemático en la sociedad, y para educar debo saber lo que mi estudiante necesita, comprenderlo en su dimensión, hacerlo integrante de una sociedad que lo absorbe, y en ocasiones lo rechaza. Educar va más allá que la de dictar una clase. De no ser así estamos  más bien frente a un transmisor que a un educador. Silenciar la realidad política, jurídica, social  cultural de una región o de un país, atrofia al estudiante en su formación integral. Responder por un resumen no es el papel del profesor, ni mucho menos invitar al discente a que se lo recite. Ahí está lo dañino en la educación. Probado está. También probado está que el verdadero profesor, a quien se recuerda, es al que le dijo que en la vida hay más de una arista, que dos no es necesariamente más que uno (democracia sustancial), y por eso hoy entendería que las minorías también valen.

Nada más en contra de una sociedad que pretende salir del ostracismo de la violencia, de las muertes injustas, dela búsqueda de la verdad de lo que nos ha ocurrido, que pretender tener “profesores” que reciten la lección, que desarrollen la memoria para el 5.0 insulso, que no les interese el mundo donde se muevan, ni las justicias, ni las injusticias del país donde devengan. No queremos la antítesis del profesor, queremos mejor la tesis del profesor con sentido de deber. Estas reflexiones, ahora que soplan vientos con nubarrones para que el profesor deje de ser profesor

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