JUSTICIA TRANSICIONAL

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Por Aníbal Charry González.

Ha sido la piedra de escándalo y la cabeza de turco de quienes de mala fe se oponen al proceso de paz, porque según su desviado criterio, sustituye a nuestra justicia ordinaria y de contera a la Constitución fomentando la impunidad, lo cual constituye una falacia pues no se pueden confundir los dos conceptos, como que la justicia transicional es el instrumento idóneo para resolver un conflicto armado como el que tenemos en Colombia hace 52 años según los estándares internacionales, que por su complejidad y duración no se puede resolver por los cauces de la justicia ordinaria aplicando penas de cárcel e imposibilidad de participación en política como lo pretenden tozuda y mezquinamente  los enemigos de los Acuerdos de La Habana para tratar de abortarlos, en el entendimiento de que bajo esas condiciones no se podría hacer una negociación con quienes se han alzado en armas contra un Estado por razones políticas, porque ningún guerrillero negociaría su entrega para que lo encarcelaran y además se les impidiera hacer política cuando abandonan la revolución para tratar de hacer las reformas por las vías democráticas cambiando las balas por los votos.

Es más, lejos de que haya impunidad, con la justicia transicional se pretende un concepto de justicia más amplio que el de la simple venganza con la aplicación de penas de cárcel, que incluya verdad y reparación para las víctimas de este feroz e inútil conflicto armado, donde lo que no puede haber es amnistías e indultos para los crímenes de guerra y de lesa humanidad, lo cual ha quedado descartado precisamente con la justicia transicional, como lo ha manifestado la fiscal de la Corte Penal Internacional Fatou Bensouda, dejando sin discurso a los opositores recalcitrantes de la paz como el inquisidor Ordóñez que amenazaba con acudir a la CPI con el sambenito de la impunidad para las FARC.

Si bien con la justicia transicional toca tragarse varios batracios concretando el mejor acuerdo posible para resolver esta clase de conflictos tan complejos, como lúcidamente lo dijera el general Mejía en su calidad de Comandante de las Fuerzas Militares, las FARC pasarán de la ilegalidad a la legalidad por un túnel que se llama justicia transicional, que por supuesto no es impunidad.

Así las cosas, no existen argumentos atendibles para decirle no al plebiscito del 2 de octubre, salvo por cicateras razones de prolongación con fines políticos de esta guerra inmoral que no ha dejado sino muerte y destrucción con millones de víctimas que aspiran a la verdad y a la reparación y a no seguir enterrando dolorosamente a sus hijos en esta confrontación fratricida muriendo por la patria, sino que vivan por ella como dijera Luis Carlos Galán contribuyendo a construir la paz estable y duradera que nunca hemos tenido, que debemos refrendar con un sí rotundo en el plebiscito apoyando decididamente la justicia transicional para que tengamos verdad, justicia y reparación.

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