INSEGURIDAD TOTAL

Actualidad Columnistas

Por Marcos Silva Martínez.

La delincuencia común y organizada, se tomaron la nación. Organizaciones internacionales por la defensa y transparencia de la justicia y los derechos civiles más elementales, reiteradamente señalan el crecimiento de la criminalidad y la impunidad en Colombia. Precisan que la impunidad supera  el 97%.

Ubican  a Colombia entre las cuatro naciones con mayor criminalidad e inseguridad ciudadana, en el concierto de naciones. Pero también es Colombia, en Latinoamérica,  la que tiene un gasto militar más alto, en términos porcentuales del PIB (mayor al 6%). Fuera de la apropiación presupuestal nacional, goza de diluvio de aportes departamentales, y municipales.

¿Qué porcentaje de la población, es consciente de este  hecho?

Sin  escrutinio cabal de la criminalidad que azota la nación,  la información permite  dimensionar los niveles que ha alcanzado la inseguridad. Colombia se  convirtió en un matadero,   a pesar de que el estado gasta más de $100.000 millones diarios en su aparato militar, policial y de inteligencia.

Son más de $100.000 millones diarios, sin incluir las inversiones en equipamiento y crecimiento del pie de fuerza, recompensas a delatores y a aliados criminales.

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No hay   seguridad en un país donde a pesar de los aspavientos del gobierno, sobre seguridad, hay cientos de asesinatos, por disentir del Régimen o reclamar sus derechos.  Donde algunas autoridades son perseguidas por los mismos organismos del estado, bajo el ropaje de acciones de inteligencia y contrainteligencia. No hay seguridad donde existen millones de desplazados por organizaciones criminales, en la mayoría de casos, con la connivencia o el apoyo directo o encubierto de organismos del estado (el paramilitarismo sigue vigente, igual que sus usufructuarios).

Las investigaciones de organizaciones legales y de ONGs, lo corroboran. No hay seguridad donde centenares de ciudadanos cada día, son víctimas del atraco, el raponazo, el fleteo, la extorsión, el chantaje, el desempleo la desesperanza, etc. No hay seguridad donde organismos del estado, que deben garantizar  la seguridad ciudadana, recurren al crimen, para mostrar resultados y la justicia es incapaz de juzgarlos y condenarlos.  La radiografía del siniestro panorama de inseguridad ciudadana, se puede palpar a diario, en noticieros y medios de comunicación, a lo largo y ancho del país.

Pero además, no hay seguridad ciudadana, donde más de cinco mil niños, mueren anualmente por desnutrición o enfermedades asociadas y más de 40% de la población padece desnutrición y limitaciones para el acceso a los recursos de la salud.

No puede haber seguridad, donde la brecha entre pobres y ricos es cada día más amplia, se concentra más la riqueza y amplía la pobreza, como lo acaba de corroborar la CEPAL, en informe socioeconómico sobre 2017.

La mezquindad y la codicia del poder y de la riqueza, engendraron el caos en que zozobra Colombia bajo el peso de la indignidad, de la politiquería, la corrupción  y la indiferencia anestesiante de las mayorías anónimas. Esta es Colombia, huérfana de dirección política y de honestidad. Víctima del engaño secular, de políticos y dueños del poder político y económico.

Lo ocurrido en la Escuela General Santander es un hecho más. Como lo ocurrido en el Club El Nogal, la masacre del Aro, la de la Rochela, etc.  Cuánto  dijeron, cuánto especularon y cuánto prometieron las autoridades. Y la inseguridad ciudadana hoy es peor que la de esas fechas. En Colombia hay seguridad de que el que la hace no la paga. Hay  seguridad de que las penas son irrisorias y que el delincuente puede gozarse el botín del delito. Y que el atisbo y alharaca de justicia, solo recae sobre los de ruana.

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