GAITÁN, PAÍS POLÍTICO Y CORRUPCIÓN

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En estos momentos de podredumbre moral, cuando se cumple un aniversario más del asesinato del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán, propicio resulta recordar su ideología para demostrar que no hemos avanzado un ápice en la lucha contra la corrupción, que no es más que la manifestación del ejercicio de la política de lo que él denominara con tino como país político que detentaba el poder en su propio beneficio en detrimento del pueblo colombiano.

Y es que Gaitán hablaba como idea central que se mantiene hasta nuestros días del país político y el país nacional en abril de 1946. “En Colombia hay dos países: el país político que piensa en sus empleos, en su mecánica y en su poder, y el país nacional que piensa en su trabajo, en su salud, en su cultura, desatendidos por el país político. El país político tiene rutas distintas a las del país nacional. Tremendo drama en la historia de un pueblo”. Drama que seguimos padeciendo.

Y ampliaba su idea fuerza identificando al país político con la oligarquía que definió como: “La concentración del poder total en un pequeño grupo que labora para sus propios intereses a espaldas del resto de la comunidad”, que dividió en tres estructuras: la primera, con una cabeza bifronte entre los que solo querían el dominio y el poder por el poder mismo, y la camarilla que aspiraba a usufructuar las riquezas, contratos fabulosos (caso Odebrecht) y prebendas de ese poder.  La segunda que ubicaba a los intelectuales serviles a la casta dominante que llamaba “hombres con inteligencia y alma de secretarios que eran manejados por los poderosos como bridas de caballo”. Y la tercera, por lo que él llamaba como la abyecta clase política, moral e intelectualmente minúscula pero útil y hábil electoralmente, convertida en los tentáculos del cuerpo oligárquico para manipular a la sociedad.

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Ese vitando entramado lo llevó a afirmar sin esguinces que no existía democracia plena -como no existe ahora-, y que ella solo se concretizaría con la eliminación de todas estas trabas impuestas y mantenidas por el país político y las oligarquías que coaccionaban la presencia activa de las mayorías y frustraban un replanteamiento del país y sus instituciones para lograr el bienestar colectivo, porque el concepto de democracia estaba reducido por el país político a ver a la patria -que tanto invoca Uribe- como un botín electoral y burocrático para detentar el poder impidiendo la vigencia de la democracia política.

Y así vamos invictos sin posibilidad de desmontar ese hontanar corruptor y de degradación moral que está en el ADN de ese país político, y por eso será prácticamente imposible acabar con la corrupción  para que no acabe con la democracia como lo dijera el contralor Edgardo Maya, porque corrupción siempre hemos tenido y la habrá como instrumento de enriquecimiento torticero  para mantener una seudodemocracia electorera corrompida que solo sirve a esas estructuras que no harán jamás los cambios para que tengamos una auténtica democracia política. Con razón asesinaron a Gaitán que hablaba de la restauración moral de la República.

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