El Virus Letal

Actualidad Columnistas

Por Aníbal Charry González.

Sin duda hay virus de virus que han azotado a la humanidad a lo largo de su dramática historia, unos más letales que otros; algunos que no han pasado de epidemias, pero otros convertidos en  pandemias han desatado mortandades como la gripe española en 1920 para mencionar una de las más mortíferas que dejó 50 millones de muertos, y ahora claro, la COVID – 19, que si bien no ha dejado tanta mortandad, sí ha sido considerada como letal por los estragos que ha hecho en todo el mundo en la parte económica y social postrando a muchos países incluido el nuestro, pero que no es nada comparado con otra plaga que nos azota desde los albores de nuestra vida republicana, considerada como más letal que el coronavirus, cual es la omnipresente corrupción, para la cual pareciera, no tendremos nunca vacuna.

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Y no se trata de ninguna exageración en este platanal de politiquería y corrupción, sino que es producto de nuestra cruda y cruel realidad, demostrada en un informe de la Contraloría general que encontró dolosas irregularidades en 460 contratos de entidades públicas relacionados con la atención de la pandemia por valor de más de 500 mil millones de pesos, y casi el 50% correspondientes a contratos para suministro de alimentos como aquí en el Huila, para que veamos la villanía de este cáncer que nos carcome sin remedio, que obligó a Juan Gossaín en una crónica de El Tiempo a afirmar que la corrupción le ha hecho más daño a la propia pandemia hasta contagiarla con su letal veneno.

Tomada de la web

No puede ser más demoledor lo dicho por el destacado periodista: ‘’Ya se sabe que el coronavirus ataca el cuerpo y lo mata. Pero la corrupción, además del cuerpo, mata también el alma y las esperanzas, destruye sueños e ilusiones, destroza los principios morales de la sociedad, acaba con la salud, los presupuestos, con la educación y la comida, con la familia y las amistades” Ese es el doloroso diagnóstico por cuenta del mortífero virus que padecemos, que ha generado una crisis de credibilidad institucional y por supuesto en la política, que es la alcantarilla madre de los actos de corrupción en la administración pública de todos los niveles, producto  del sistema político electoral hediondo que tenemos.

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Por eso somos líderes en corrupción según Transparencia Internacional, como que ocupamos el puesto 96 entre 100 países, y donde menos esfuerzos se hacen para combatirla, salvo expedir normas inocuas que no tendrán ningún efecto práctico porque su aplicación queda en manos de los mismos corruptos de todos los niveles, siempre bien dispuestos a asaltar el presupuesto público. Ya veremos como la nueva reforma de las regalías que tanto se ha venido a cacarear para terminar con los elefantes blancos, será un simple cambio de fachada para seguir robando al Estado, mientras la clase política corrupta siga siendo la que controla la transparencia de su aplicación, que nos comunica que mientras no tengamos un giro de 180 grados para cambiarla, no habrá vacuna contra esta letal plaga.

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