EL VERDADERO ORIGEN DE LA BÁRBARA “LEY DE FINANCIAMIENTO”

Actualidad Política / Judicial

Por: Carlos Tobar

Como diría el presidente Maduro, el Centro Democrático se va a “autosuicidar”. Así de bárbara es la Ley de financiamiento, como eufemísticamente ha dado en llamar el gobierno Duque, al proyecto de reforma tributaria con que piensa esquilmar al pueblo colombiano. Generalizar el cobro del IVA, –así sea en una proporción inferior a la inicialmente propuesta (18%)– a la canasta familiar, el mal llamado Impuesto al valor agregado, un impuesto indirecto que se paga independientemente del ingreso que se tenga, regresivo, precisamente porque pesa más para el que menos tiene, es un exabrupto, mejor, es un atraco. Con esa medida nos van a sacar a los pobres y a las clases medias 12 billones de pesos. Mientras tanto, al otro lado de la ecuación tributaria, les rebajan a las grandes empresas multinacionales, más de 10 billones de pesos. El recaudo neto será de 1.3 billones de pesos.

De primerazo, digamos que la medida tributaria no es para recaudar 15 billones de pesos faltantes al presupuesto de la nación. Esa es una gran mentira, como todas las que difunden el gobierno y sus partidarios. Es para rebajar impuestos a los más ricos de los ricos. No es tampoco, para mejorar los rubros de inversión a los sectores sociales desprotegidos de la sociedad, ni para mejorar la prestación de servicios como la salud y la educación que, seguirán con recursos limitados. Son argumentos tras los que esconden el verdadero objetivo: mejorar las condiciones, ya de por sí ventajosas, de los grandes negocios. De esos negocios donde se lucran sin tasa ni medida los capitales financieros parasitarios y sus agentes internos, tipo Carrasquilla, o Duque, o Uribe, o Santos; o el Centro Democrático, o el Partido Conservador, o el Liberal, o el partido de la U, o Cambio Radical, o el Mira, o…

Esta “ley de financiamiento” tiene un solo propósito cierto: rebajar impuestos al gran capital. Una sola prueba, pero podría dar muchas: hay que ver como el señor Juan Ricardo Ortega, exdirector de la Dian y asesor de este engendro, afirma que se deben bajar los impuestos a los ricos, porque Europa lo hizo a niveles del 12%, o los Estados Unidos al 25%, etc. ¿Por qué no dicen la verdad? Que el gran capital, desde la década de los 90 del siglo pasado, decidió no pagar impuestos en ninguna parte y por eso los recaudos por el impuesto de renta son hoy inferiores a los de los impuestos indirectos como el IVA. Situación que era la inversa durante todo el siglo xx. Y, si no pagan los que ganan, pues tenemos que asumir esa responsabilidad, los que recibimos la parte más pequeña del producto nacional. Con todas las limitaciones que eso conlleva, sino que lo digan los presupuestos deficitarios de casi todos los países del mundo, incluidos los más ricos y desarrollados.

Lamentablemente, esta disyuntiva es una ecuación de suma cero: si ganan ellos, nosotros perdemos y a la inversa. Aquí no hay alternativa; en esta batalla por la supervivencia: ¡o peleamos o peleamos!

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