Marcos Silva Martínez Con imaginación, honradez y responsabilidad social y política, debe responder el Gobierno a la encrucijada socioeconómica-fiscal desencadenada por la crisis económica y sanitaria global, catapultada por la pandemia del COVID 19. Los dramáticos, evidentes e inaceptables desequilibrios socioeconómico generados por la excluyente concentración del ingreso y la riqueza, propiciados por el sistema económico-político dominante en el planeta, han alcanzado niveles de convulsión socioeconómica y política, en diversas áreas del mundo. Con honradez y responsabilidad, deber del Gobierno Neiva Huila Colombia www.tvnoticias.com.co

Con honradez y responsabilidad, deber del Gobierno

Actualidad Columnistas

Por Marcos Silva Martínez.

Con imaginación, honradez y responsabilidad social y política, debe responder el Gobierno a la encrucijada socioeconómica-fiscal desencadenada por la crisis económica y sanitaria global, catapultada por la pandemia del COVID 19.

Los dramáticos, evidentes e inaceptables desequilibrios socioeconómico generados por la excluyente concentración del ingreso y la riqueza, propiciados por el sistema económico-político dominante en el planeta, han alcanzado niveles de convulsión socioeconómica y política, en diversas áreas del mundo.

Tal como se comienzan a perciben los efectos económico-sociales  de la pandemia, en todos las áreas del desarrollo nacional e internacional, si no se toman decisiones coherentes para superar la pobreza, el atraso y la dependencia incondicional, es inevitable el desencadenamiento de una profunda  encrucijada socioeconómica y geopolítica global, que  catapultará los conflictos sociales,  la inequidad socioeconómica, la pobreza, la miseria y la dependencia de los centros oligopólicos del poder. 

La encrucijada socioeconómica-política global, debe resolverse de manera que garanticen superar los agudos estados de pobreza, miseria y subdesarrollo de las naciones y al tiempo, construir condiciones de estabilidad social, política y mejoramiento de calidad de vida. 

Los logros en equidad socioeconómica y desarrollo integral,  alcanzado por algunos países escandinavos,  europeos y del sudeste asiático, entre otros, Finlandia, Corea del Sur, Singapur, Vietnam, Nueva Zelanda  y China,  demuestran  que es posible derrotar la pobreza, bajo diferentes concepciones políticas del poder, si las naciones eligen gobernantes capaces y responsables y estos  gobiernan bajo marcos jurídicos institucionales que garanticen desarrollo equitativo, que privilegie el interés general sobre el particular. Son fundamentos imprescindibles e inequívocos. Y es lo que no ocurre en Colombia.

Tales condiciones solo serán posibles, con la estructuración e institucionalización de sistemas socioeconómico-político que garantice inclusión socioeconómica, democratización efectiva de la propiedad patrimonial y accionaria y acceso general al conocimiento científico y técnico. La dirigencia política colombiana es enemiga de ese objetivo.

Son condiciones que exigen racionales rupturas de dependencias de poderes dominantes, redefinición del objeto y sentido del poder público y del ejercicio democrático de soberanía nacional. Son imperativos; el desarrollo científico-técnico y cultural integrales y la aplicación integral de los mismos, para fortalecer la producción nacional y garantizar poder competitivo internacional, asegurar autosuficiencia de recursos estratégicos de uso y consumo masivo nacional.

Los efectos socioeconómicos y políticos, que inevitablemente ocasionará la Pandemia del COVID19, deben motivar a todos los ciudadanos del mundo y especialmente a los de las naciones en desarrollo, a buscar y entender las causas de las condiciones de sometimiento, pobreza y atraso, a las que las élites usufructuarias del poder, han condenado a las mayorías. 

Si no se procede en consecuencia, habrá resultados inevitables, que tienen que demandar redefiniciones del actual orden político y económico internacional y nacional de cada país.

La concentración del poder político y económico en círculos socioeconómicos y políticos excluyentes y exclusivos, y la generalizada corrupción ejercida y tolerada por el poder público, son la causa del atraso socioeconómico y cultural de las naciones.

El sometimiento de naciones de menor desarrollo, a las de mayor desarrollo, les niega el derecho al desarrollo socioeconómico equitativo y condena a las mayorías nacionales, a vivir en la pobreza y el subdesarrollo.    

El nuevo credo del poder planetario (capitalismo-consumismo) económico-político, es de esencia dogmático-religioso (lo convirtieron en dogma de fe).  Su objetivo ciego es lograr más y más rentabilidad y concentrar la riqueza, en pocos dueños. 

El elector y la dirigencia progresista, de cada nación, deben decidir y construir el futuro de las naciones, responsablemente. Tal decisión exige nunca más volver a votar por quienes son representantes y/o aliados incondicionales de la politiquería, el clientelismo y la corrupción y defensores ciegos del modelo económico político actual, que condena a las mayorías a vivir en la pobreza, excluidos del poder y de los derechos sociales fundamentales.

La encrucijada socioeconómica que tenemos que afrontar, como corolario de la injusticia institucional y la irresponsabilidad político-social, incentivadas por la pandemia del COVID 19, debe obligarnos a responder en defensa de los derechos de las mayorías. ¿Somos capaces? Las mayorías tienen la palabra. “Abierta esta la audiencia.”

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