A este ¡Ay! que es en verdad, un coro de Alí Babá, les dan la casa por cárcel. Más o menos un Mar a Lago en “mayami”. Y allá no se preocuparán por el salchichón, las salchichas, las papitas fritas ni las donas de limón. Podrán brindar champán, caviar y salir a la playa luciendo tal vez un collar de arepas finas mejicanas, mientras se bambolea su gran masagrasa abdominal de izquierda a derecha, de arriba-abajo y en la hamaca de costado a costado Hay en el ambiente muchos ¡ayes!, en movimiento. Unos provienen de cachacos preocupados _de esos que fungen de samaritanos de coctel_y que andan afirmando, con la convicción de pitonisas, la extinción de un renglón de la dieta diaria de desnutrientes en la mesa de muchos colombianos. Sí… ¡Qué pesar!! ¡Habrá pronto un velorio nacional para enterrar obesos reyes, diabéticos marqueses, gordos condes y empalagosos y golosos duques Bebidas azucaradas tvnoticiascol www.tvnoticias.com.co

Bebidas azucaradas

Actualidad Columnistas Salud / Cuidado personal

Por Carlos Humberto Echeverry Gutiérrez “Kaliche”

El glotón vive para comer en lugar de comer para vivir”.

Vincent Okay

Hay en el ambiente muchos ¡ayes!, en movimiento. Unos provienen de cachacos preocupados _de esos que fungen de samaritanos de coctel_y que andan afirmando, con la convicción de pitonisas, la extinción de un renglón de la dieta diaria de desnutrientes en la mesa de muchos colombianos. Sí… ¡Qué pesar!! ¡Habrá pronto un velorio nacional para enterrar obesos reyes, diabéticos marqueses, gordos condes y empalagosos y golosos duques…

Se afirma que se dice que es verdad que el obligado menú a la francesa-gaseosa colombiana con tajada de pan francés- se les va a acabar a los “rusos”; los que, en la Atenas Andina, convertida hoy por hoy en “La Tenaz” Suramericana, son quienes levantan ladrillo tras ladrillo, palada tras palada la arquitectura de una ciudad que recibe cada año tantos habitantes como los que tiene Pereira. De esos que llegan a braviar la subsistencia con una capa de plástico y zapatos de cartón, pero con perrenque en el corazón…

Le puede interesar: Batalla por la vida

Otros ¡ayes!, llegan con razón desde algunos de los grandes productores de golosinas con prole como, por ejemplo, las tales “colombinas, gaseosas cargadas de espesa sacarosa, chitos y snacks de todo color y tipo, embutidos de nitrato curtidos, y el universo de todos los ultraprocesados con veneno cargados. Es posible que en sus “ayes” de dolor de bolsillo estén ahora acompañados de aquellos contratistas proveedores del Programa Escolar de Alimentos (PAE) que no contentos de enviar carne de caballo, habichuelas chuecas, naranjas secas, mandarinas en salsa de mohos, tamal con solo un muslo de murciélago para pasar con aguas coloridas de anilinas o leche desactivada por vencimiento, salen apenas son pillados en el delito al tribunal en el que por casualidad el juez es un compinche aliado del fiscal de bolsillo y contador de los millones que a diario le esquilman a la salud y bienestar de la infancia, la adolescencia y la juventud de esta Nación.

De interés: Crecen las afecciones respiratorias

A este ¡Ay! que es en verdad, un coro de Alí Babá, les dan la casa por cárcel. Más o menos un Mar a Lago en “mayami”. Y allá no se preocuparán por el salchichón, las salchichas, las papitas fritas ni las donas de limón. Podrán brindar champán, caviar y salir a la playa luciendo tal vez un collar de arepas finas mejicanas, mientras se bambolea su gran masagrasa abdominal de izquierda a derecha, de arriba-abajo y en la hamaca de costado a costado.

Los otros ¡ayes” provienen desde las ondas hertzianas, ´o imágenes UHD o pantallazos de celus o impresos hasta en papel toilette. Anuncian a Urbi et Orbi un desastre para los pequeños, medianos y grandes tenderos conscientes o no que surten la desnutrición a todo el mundo… Hablan del presente de los consumidores ya hipnotizados de propagandas que les anuncian la fortuna en una galleta, el futuro en el tarot de una caja de cereales, la fama de la fuerza y la belleza, el poder de un héroe de papel mientras ni siquiera les regalan un libro de experimentos o laberintos ingeniosos. La ilusión de soñar despierto, mientras les atrasan el fervor por el dominio de saberes y prácticas para huir de la ignorancia y el aburrimiento total.

Leer: 12 millones de casos de gastroenteritis

Pero no vengo a seguir describiendo este juego de ires y venires que tiene asustados a quienes nunca se han preocupado por ser parte de la solución hacia el trabajo solidario por la nutrición con urgencia de nuestras generaciones neonatas, kindereñas y adolescentes. Ellas tienen el derecho fundamental a un desarrollo físico y mental íntegro. Es la condición primera, el plante para llegar a ser dueño de una dignidad inalienable. Con posibilidades de soñar, no otro mundo posible “sino un mundo mejor. De construir “un mundo donde quepan otros mundos”.

Los principios de esta propuesta abierta, discutible, mejorable, aun desechable se sustentan así:

  1. Cada persona tiene derecho a elegir sus costumbres alimenticias basadas en la posibilidad de allegar hacia sí los nutrientes o desnutrientes que su libertad disponga porque sí o sí.
  2. Tiene derecho a recibir y/u omitir información, completa o no, acerca de toda aquella sustancia sólida, líquida o gaseosa que quisiera o pudiera ingerir por sí o interpuesta persona, aun a riesgo de su integridad física o mental. Estando en sano desquicio o no.
  3. Ninguna persona, a excepción de personal profesional en medicina o experto nutricionista, se abrogará el derecho de sugerir, recomendar, exigir, ordenar qué o cómo o cuánto debe ser la propia alimentación. Y menos un político con banderas en extravío o dolor de “patria boba entre ceja y ceja”.
  4. A partir de la expedición de una Reforma Tributaria que imponga impuestos altos, medio o enanos a las bebidas azucaradas y la comida chatarra o procesada mucho, poquito o nada podrá tener el deber de convertirse en coleccionista de etiquetas. Tantas como pueda recopilar solo y que al cabo de un tiempo fijado por el deterioro de su salud pudiesen servirle de cuota moderadora para el tratamiento de cualquier enfermedad derivada del consumo voluntario de estos sub-alimentos cargados de sacarosa, sales, nitratos o conservantes de naturaleza química cancerígena.

Este cuarto punto es el más importante por cuanto, si a pesar de los tres principios anteriores, su Mercè decide tomar el riesgo a troche y moche, se permitirá eximir de toda responsabilidad a quienes tuvieron el valor y la decencia de advertirle jugar con la boca lo que después lo enloca.

Le puede interesar: Auriculares impactan a trabajadores

Además, porque una vez presente ante las autoridades de Salud si alcanza a llegar a tiempo con su costal lleno de envolturas de helados, chocolates, bombones o chicles; el baúl rebosante de portadas de cajas de pasteles de El Molino u otras pastelerías; el carta-pacho de 2x3x5 metros con miles de cajitas de jugos procesados o de lactosueros saborizados, o las vejigas de miles de salchichones y tarritos de salchichas con miles de bolsas, bolsitas o bolsones de snacks puede que alcance a llenar uno o dos containers de Tetrapaks de cremas o frasquitos de leche condensada y podrá ingresar tranquilo a la clínica de su gusto. Porque sin renunciar a su deseo de dulzura vital, habrá demostrado que ha pagado con impuestos contantes y sonantes, la terquedad de su soberbia ignorancia que no le permitió distinguir (mientras estuvo sano) entre una llegada plena y vigorosa a una vejez exenta de males buscados a una dieta que le exigía el sacrificio diario por su propio bienestar. Y tal vez, cuando muer, puedan muchos aprender de este epitafio ya sin bilis ni amargura:

Aquí yace almibarado cuerpo humillado por dulce orgullo que pudiendo ser abeja pa´ florear la primavera se reía al abrir o destapar de día o noche o al clarear la despensa y la nevera

Espero que los ¡ayes! se esfumen en el chirrido apocalíptico de quienes todavía creen que es mejor poseer el don de Midas y no, como el gato, el de las siete vidas”

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

dieciseis + nueve =