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Asalto al capitolio en E.U.

Actualidad Columnistas

Por Eduardo Gutiérrez Arias.

La sede del Congreso de Estados Unidos que funciona en Washington D.F., fue asaltada por una turba de manifestantes del Partido Republicano, intentando sabotear la reunión de las dos cámara que ese día se proponían ratificar el triunfo de Joe Biden en las elección presidenciales del pasado martes 3 de noviembre. El propio Trump con sus mensajes por internet, fue uno de los auspiciadores de la asonada, al insistir en que fue el triunfador de la pasada campaña electoral y que para defender la democracia, el Congreso debía ordenar la revisión del proceso electoral. Por eso apoyó el mitin de protesta frente al Capitolio del pasado miércoles, cuando las dos cámaras habían anunciado la ratificación del triunfo electoral de Biden. El resultado de esta acción fue la muerte de cuatro manifestantes, cincuenta heridos tanto de la policía como de los asaltantes, destrozos en las instalaciones del Congreso y 54 retenidos por la policía. Estados Unidos, país con la primera y más antigua constitución democrática burguesa del mundo, aún vigente con enmiendas que se le han introducido a lo largo de su historia republicana, se ha caracterizado por su solidez institucional y no está acostumbrado a este tipo de revueltas.

La primera reacción al hecho se dio en el propio Congreso norteamericano que ratificó la elección de Biden como presidente de la república por amplias mayorías de las dos cámaras sin aceptar las objeciones a los resultados electorales de una minoría del Partido Republicano, dirigida por el propio Trump. Algunos miembros del gabinete renunciaron a sus cargos. El partido Demócrata anuncio un proceso para aplicar la enmienda 45, destituyendo a Trump como instigador de la asonada y que asuma la dirección del ejecutivo el vicepresidente en los pocos días que quedan de gobierno hasta el próximo 20 de enero. Algunos jefes de Estado también condenaron los hechos, especialmente la actitud de Trump. Esto obligó al presidente a dar una ridícula declaración el día jueves condenando el asalto violento al capitolio, a pesar de haber sido su instigador.

Este suceso, sumado a la incapacidad del gobierno para efectuar un adecuado control de la pandemia del coronavirus, con 21.700.000 infectados y 365.000 muertos en el país (superior al número de caídos en la segunda guerra mundial) y su fracaso en las intervenciones militares en  los países árabes, reflejan la crisis de poder del imperio estadounidense. También los riesgos que representa para el mundo la extrema derecha alimentada por el neofascismo que apoya este tipo de acciones demenciales como lo mostró Bolsonaro en Brasil.

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