Y, VINO EL PROCURADOR…

Actualidad Columnista

Por Carlos Tobar.

En una ciudad como Neiva y un departamento como el Huila, donde campean la desidia, la corrupción, la incapacidad, el abandono y el abuso en todos los órdenes de la cosa pública, vino, vio y…, no hizo nada el máximo representante del Ministerio Público, Alejandro Ordoñez. Aparte de dictar una insulsa conferencia llamada pomposamente “100 y más advertencias para una administración territorial”, que desde el título denota su talante: advertir, amenazar, intimidar, la visita del Procurador General, tuvo más el carácter de un candidato presidencial en ciernes. Porque en verdad, sus pronunciamientos estuvieron más orientados a confrontar la política de paz del gobierno nacional, que a prestar atención a las infinitas ollas podridas que carcomen el andamiaje del estado a nivel regional: no vio el gravísimo clima social y ambiental de El Quimbo, o de las explotaciones petroleras y mineras, o de los innúmeros elefantes blancos de administraciones regionales y locales. Como gran consuelo le aconsejó al nuevo alcalde de Neiva que tratara de ser diferente a sus antecesores en transparencia y eficiencia, en un reconocimiento tácito de las indelicadezas, ineficacia administrativa y delitos de anteriores burgomaestres. Y la Procuraduría: nada.

Después de siete largos años al frente de una de las ‘asustadurías’, la labor de Ordoñez por donde se mire es oscura en su contenido y opaca en sus resultados. Oscura porque ha estado marcada por el sesgo ideológico de sus preferencias políticas y religiosas que absuelve amigotes y persigue adversarios; opaca porque sus resultados son inanes frente a la descomunal corruptela que se expande como plaga sin control por toda la geografía nacional. Desde 2009 cuando llegó, hasta hoy el cáncer de la corrupción ha crecido exponencialmente, solo comparable a como ha crecido el fanatismo religioso de una agencia oficial encargada, presuntamente de respetar y hacer cumplir la ley (incluyendo la Constitución) para todos los colombianos.

Pero tal vez lo más preocupante de su comportamiento, ha sido la abierta y descarada manipulación de la ley para no dejar anular su espuria reelección. Aprovechándose de un vacío en la constitución que no prohíbe de manera tajante esa opción y utilizando el mecanismo clientelista de ‘yo te elijo, tú me eliges’, a más de la amenaza desembozada contra los parlamentarios blandengues que temían el baculazo de la destitución, logró hacerse elegir para un segundo período. Procedimiento que fue demandado ante el Consejo de Estado que, lleva tres años tratando de decidir sobre la flagrante ilegalidad de dicha reelección. Mil y una triquiñuelas han utilizado sus amigos en esa alta corte para impedir una decisión al respecto. A la larga, va completar el período y el Consejo de Estado, no habrá podido decidir. Entre otras cosas, la inoperancia de la rama judicial, como en este caso, es una de las causas de su creciente descrédito.

Este es el triste personaje que vino a pontificar: ‘mucho tilín, tilín y…nada de paletas’.

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