TODO SE IRÁ A LA M…

Actualidad Columnista

Por Carlos Tobar.

El resultado del plebiscito del domingo nos condenará a otros “cien años de soledad”. Quisiera que fuera de otra manera, quisiera que la esperanza que aún despiertan las declaraciones, tanto del presidente Santos, promotor de los acuerdos, del expresidente Uribe, impulsor de la revisión de los mismos y, de Timochenko, dirigente de La FARC, sobre la decisión de mantenerse en el espíritu de la paz, fuese otra oportunidad. Pero, mucho me temo que las posiciones antagónicas entre el promotor del No y la dirigencia de la guerrilla más antigua de América, sean tan irreconciliables que nuevamente este intento –el más profundo de todos los ensayos realizados–, termine en otra frustración para la nación colombiana.

¿Por qué hacemos esas afirmaciones? Veámoslo. Aunque en el texto de los acuerdos, pueden encontrarse múltiples diferencias, en la médula están el tema de la justicia, el de la participación en política y, el de la propiedad de la tierra. Sobre ellos, el expresidente Uribe ha remachado, una y otra vez, que son inaceptables. A su vez, la dirigencia guerrillera ha planteado que los contenidos, tal como quedaron en los acuerdos de La Habana, son el mínimo aceptable. En justicia, el gobierno Santos y Las FARC, pactaron un sistema de justicia transicional con un tribunal especial, que a cambio del desarme –esta es la gran contribución de la guerrilla– sanciona las infracciones a la ley cometidas por sus miembros con un proceso de verdad, reparación a las víctimas y compromiso de no repetición, que de ser completo podría eximirlos de penas de cárcel. Un sistema que se aplicaría a todas las personas que hayan violado la ley, sean de la guerrilla, las Fuerzas Armadas, o particulares. El expresidente Uribe, propone que se sometan a la justicia ordinaria a pagar penas alternativas como las aplicadas a los paramilitares –fueron pactados 8 años de reclusión en instituciones penitenciarias e incluso los cabecillas extraditados a los EE.UU. – para todos aquellos que hayan cometido delitos de lesa humanidad, incluido el narcotráfico y los delitos conexos; de este proceso se exime a los militares. En participación en política, ninguna de las personas sancionadas por la justicia, podrá elegir y ser elegido, tal y como está en el ordenamiento jurídico. El tema de tierras es de mayor complejidad, pero creo que de fácil solución, toda vez que la aplazada reforma agraria, la hizo el narcotráfico y el modelo de crédito bancario comercial, aplicado en los últimos 20 años, que desvalorizó hasta proporciones irrisorias los predios rurales.

TODO SE IRÁ A LA M… (2)

Si se analizan las diferencias, a la oferta de desarmarse que hacen Las FARC, el expresidente Uribe pretende el sometimiento incondicional. Les niega cualquier beneficio, así sea temporal, para que se reintegren a la vida civil. Algo que cualquiera, con dos dedos de frente, puede concluir, será rechazado. Eso es lo que está sucediendo a dos días del triunfo del No. Lo que era previsible. Por eso quienes estábamos por el Sí, afirmábamos que el dilema era entre paz y guerra. Lo único que estaba en discusión era si aprobábamos que Las FARC se desarmaran a cambio de unas concesiones temporales, no más. Dijimos que, de no hacerlo, se mantendría el estado de cosas de los últimos 50 años. Ojalá, ese no sea el futuro de Colombia. Yo soy, en extremo, pesimista. ¡Que el Dios de los cristianos, nos lleve con bien!

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