Sin certeza

Actualidad Columnista

Por Benjamín Alarcón (Tomado de Gobierno & Política).

Todos sabíamos o imaginábamos el rumbo de la política en el mundo, en el continente y en el país. Las dinámicas que se estaban desarrollando o promoviendo, nos permitían suponerlo.

Hoy no tenemos certeza de nada, y por esa misma razón los políticos que promovían esas dinámicas, tampoco. No tenemos certeza del futuro de los proyectos integracionistas en Europa ni en América, porque quienes promovieron el Brexit para sacar a Gran Bretaña de la Unión Europea y ganaron el plebiscito, hoy no saben cómo salirse, ni qué consecuencias tendrá la salida para la propia Gran Bretaña ante el anuncio de sus propios miembros como Escocia, Gales e Irlanda de salirse de esta si esta se sale de la Unión Europea. Y lo mismo pasa con otros gobernantes europeos que reniegan de la Unión Europea y de sus políticas no obstante hacer parte de ella, pero no saben qué hacer porque son nacionalistas y no quieren someterse a un proyecto colectivo, pero tampoco ven futuro para sus países por fuera de este; máxime hoy cuando el faro de esa política nacionalista, Trump, ha sido derrotado.

Foto suministrada. Las movilizaciones para exigir mejores condiciones de vida, persisten en Colombia.

En América igual: los dos presidentes representantes de la derecha  retardataria, el colombiano y el chileno, promovieron la destrucción de los pocos y débiles proyectos integracionistas que existen, convencidos de que eran expresión del castrochavismo o de la izquierda continental, y que por lo tanto lo apropiado era crear un organismo que efectivamente sí fuera integracionista; y lo crearon e hicieron una primera y única reunión, y nadie volvió a hablar de él porque tanto Duque como Piñera tuvieron que afrontar las movilizaciones de sus pueblos contra sus políticas; pero lograron lo pretendido que es impedir que los países y pueblos del continente se unan en torno a un único organismo integracionista que les permita tomar decisiones económicas, comerciales y de colaboración de manera autónoma, sin imposiciones externas como ha sido la tradición a la que gobiernos como el de Colombia, siempre se han prestado.

En Colombia los últimos hechos políticos llaman la atención. La crisis de los partidos que soportaron el Frente Nacional y promovieron la política del clientelismo como forma de gobierno, que condujo a la corrupción del Estado y de las prácticas políticas, promovió el surgimiento de empresas electorales organizadas en torno a caudillos. Claro, con propósitos políticos, regularmente definidos en torno a intereses económicos, incluyendo el del saqueo de los recursos del estado y/o el aprovechamiento o uso de este para facilitar el negocio de la producción de drogas, de su comercialización o de la legalización de sus resultados financieros. Hoy esas empresas electorales entraron en crisis y comenzó la desbandada; muchos políticos se acordaron de que la política se hacía con principios y que al margen de estos o por estos, en todo comportamiento, conducta o práctica humana subyacen unos fundamentos éticos y morales, y que es eso lo que hoy la sociedad o la ciudadanía o los electores comienzan a valorar.

Foto suministrada. La población indígena colombiana día ejemplo de respeto en jornada de protesta nacional.

Estos políticos en desbandada anuncian adhesiones y pretensiones, por fuera de proyectos polarizadores que los incomodan porque quieren algo distinto, pero no tanto; algo que cambie, pero sin cambiar. De todas maneras, lo que ocurre con estos hechos de movilización de políticos de unos bandos hacia otros y del reordenamiento de los grupos o movimientos políticos es interesante porque permite a los colombianos soñar con un futuro distinto y mejor.

Lo ideal es que ello conduzca al surgimiento o creación de nuevos y verdaderos partidos políticos, porque es la política la que necesita sanearse y para ello son necesarios verdaderos partidos, no empresas electorales ni mafias con vestimenta política.

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