SEMANA CON DOLOR Y LÁGRIMAS

Actualidad Política

Por Eduardo Gutiérrez Árias.

El desgarrador asesinato de niños y jóvenes en Cali-Valle  y Samaniego-Nariño, a comienzos de la semana anterior, que nos conmovió hasta las últimas fibras de nuestra sensibilidad humana y que nos hizo preguntarnos llorosos y compungidos en qué país vivíamos, fue sólo el comienzo de otros hechos igualmente dolorosos y atormentadores que conmueven la sociedad colombiano y dan la peor imagen del país en la comunidad internacional. La tarde del martes 11 de agosto en el sector de Llano Verde, al suroriente de Cali, cinco niños afrodescendientes entre los 14 y 16 años, fueron asesinados vilmente con machetes y cuchillos en un cañaduzal que limita con el barrio mencionado. Todos los vecinos certifican que los adolescentes eran personas sanas, estudiantes de bachillerato, amantes del futbol, los  bailes modernos y otras  diversiones legítimas. No eran drogadictos, ni miembros de pandillas. Acostumbraban eso si ir a bañarse al rio Cauca que corre por la parte oriental de Cali. También en algunas ocasiones cortaban algunas cañas para comer. Seguramente por esa razón sus propietarios le pusieron guardias al cañaduzal. Hoy una de las hipótesis es que esos guardias, orientados por los propietarios pudieron ser los autores de la masacre.

El sábado 15 de agosto en una zona rural de Samaniego (Nariño), unas 50 personas, contrariando la cuarentena oficial, celebraban una fiesta en una casa rural, cuando aparecieron hombres armados que asesinaron 8 de los jóvenes participantes de la recreación. También en este caso las víctimas eran personas de origen humilde, sin antecedentes judiciales. El miércoles 12, otros dos estudiantes fueron asesinados en Leyva (Nariño). Y para cerrar con broche de oro esta orgía de sangre y dolor, el Clan del Golfo hizo circular el domingo 16 en redes sociales un video mostrando como descuartizaban a miembros de las disidencias de la FARC.

La extrema derecha, debe sentirse satisfecha porque está cumpliendo su promesa de “volver trizas el acuerdo de paz”. No porque los 13.000 hombres de las FARC que respaldaron el acuerdo, hayan vuelto al monte. A pesar de los cerca de 250 excombatientes asesinados en este periodo y de las continuas amenazas de cárcel y extradición a los E.U, su compromiso con los acuerdos y la paz parece irrevocable. Pero las disidencias se crecieron, al igual que el ELN, el Clan del Golfo y el grupo de Santrich y Márquez. La guerrita que quería Uribe ahí la tiene. Crece la violencia, crece el miedo y el fascismo comienza a asomar sus orejas con los llamados a nueva constituyente. Es hora de parar la barbarie.

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