SE ABRE EL CAMINO DE LA JEP

Actualidad Política

Por Luis Alfredo Ortiz Tovar.

Quizá uno de los temas que más escozor causó, y sigue causando en relación con el proceso de paz terminado mediante un entendimiento plasmado en el Acuerdo final entre el Gobierno nacional y las FARC, es el relacionado con la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), en gran parte por la circunstancia de que la justicia ha venido decayendo cada vez más, y se advierte en la comunidad un alto grado de incredulidad, pero también de insatisfacción a la hora de materializarse las decisiones judiciales con sentencias justas, oportunas, y socialmente útiles, como diría el ilustre profesor Perelman. Y como al tiempo se viene repitiendo que este proceso guarda un alto grado de impunidad, esta jurisdicción creada para la investigación de crímenes fundamentalmente de Lesa Humanidad, en desarrollo del Conflicto Armado por el que hemos pasado, no solamente por parte de los actores directos (integrantes del grupo armado ilegal, y de las Fuerzas militares), sino por terceros que de una u otra manera tuvieron un grado de participación en estos crímenes, se entiende como una parte de la sociedad expresa su incredulidad, y el grado de insatisfacción con la implementación de esta justicia para la transición.

Y es que lo primero que hay que decir, es que es especial esta justicia, por no corresponder a la que convencionalmente conocemos, que raya en lo paquidérmica y en el alto grado de impunidad, según estadísticas del propio Ministerio de Justicia y fiscalía General de la Nación. Así que no puede ser posible que esta misma forma de justicia sea la encargada de investigar, y condenar si a ello hay lugar, a quienes han cometido las conductas que están dispuestas. Es justicia transicional, porque queremos pasar de la violencia al entendimiento, del odio a la reconciliación, razón por la cual la esencia de esta modalidad de justicia no es propiamente el encarcelamiento, sino la verdad para las víctimas, la reparación integral para ellos, las garantías de que actos aberrantes como los conocidos, no vuelvan a suceder, y que en el colectivo social quede memoria de que estos actos que ocurrieron en un periodo de barbarie, (por cuanto hasta los mínimos de humanidad contemplados en las normas del Derecho Internacional Humanitario, no se cumplieron), nos escarmienten y nos sirvan para pasar la página del dolor a la esperanza.

El proceso de selección por parte de  un grupo reducido de altas personalidades de quienes integraran este cuerpo jurisdiccional, debe constituirse para la sociedad en garantía de seriedad y respeto a la justicia, y fundamentalmente de tranquilidad para las víctimas. Así las cosas, se deberá fincar todo el ejercicio de escogencia, en la idoneidad, y rectitud en quienes recaigan las designaciones, con el único compromiso de dispensar justicia libres de cualquier consideración ideológica o política, solamente buscando el eslabón que lleva tanto tiempo perdido: justicia para las víctimas, y justicia para los victimarios.

Likes(0)Dislikes(0)

Comments

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *