OTRA VEZ SOBRE LA PTAR

Actualidad Ambiente y Agricultura Columnista

Por Carlos Tobar

Lo único claro del 1er Foro de Compromiso Social y Ambiental PTAR Río Magdalena, es que nada está claro. Qué enredo. Sobre todo porque ha sido tan tortuoso el proceso de selección de alternativas y diseño realizado por la empresa a lo largo de casi 5 años, donde han cambiado en varias oportunidades las premisas y criterios para llegar a la misma propuesta, sin explicar las razones para hacerlo, que ya no sabemos qué creer ni a quién creerle.

Ha sido todo tan enrevesado, que primero compraron el lote de terreno donde va a estar ubicada la planta para escoger la alternativa (¿?) y hacer los diseños. En una ciudad que al día de hoy no tiene un plan maestro de acueducto y alcantarillado; que no cuenta con un catastro de redes actualizado; que tiene un sistema de alcantarillado mixto que recoge aguas servidas y aguas lluvias con las complicaciones que trae el manejo de mayores volúmenes; que tiene en muchas zonas de la ciudad unas redes de alcantarillado obsoletas que ya cumplieron su vida útil y que, en consecuencia, presenta fugas innúmeras, indetectables e inmanejables…, en fin con todas las limitaciones posibles para garantizar un manejo adecuado y ajustado a las normas legales de las aguas servidas. En una ciudad sin planeación alguna, la ubicación del lote para la construcción de la planta presenta deficiencias de tal gravedad como que la actual conducción entraría por debajo de la cota de instalación de los equipos de la planta, razón por la cual deberán bombearse los fluidos de aguas servidas y lluvias para poderlas manejar. El sobrecosto de operación por la cantidad de energía necesaria es incuantificable. Un terreno que, además, está en la zona de inundación del río por lo que habrá que hacerle una protección especial para evitar un desastre, que ni siquiera así estará garantizado.

Con todas esas falencias que quedaron en evidencia en el foro, el gobierno de manera responsable debería asegurar a la ciudadanía la realización de un verdadero estudio de factibilidad y unos diseños completos de la alternativa finalmente escogida. Lo que han hecho hasta hoy es una babosada que está terminando por convertirse en otra estafa para la municipalidad. Pero aún si se perdiesen esos dineros, sería mucho menos grave que embarcar a las Empresas Públicas de Neiva y a sus usuarios en una aventura que puede terminar con la quiebra de la empresa, sufrimientos inenarrables para la ciudadanía y el estancamiento de la ciudad por muchas décadas.

Todos los ciudadanos somos concientes de la necesidad y la urgencia de la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales para Neiva, pero hay que hacerla de manera seria.

Administrar organismos complejos, en este caso una ciudad como la nuestra, exige conocimientos especializados donde la ciencia y la técnica deben primar sobre los intereses prosaicos de los contratistas.

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