“NO SOY COMO USTED”: GUSTAVO PETRO

Actualidad Columnista

Por Eduardo Gutiérrez Árias.

Los permanentes rifirrafes, réplicas y contra réplicas entre Gustavo Petro y Álvaro Uribe en el Senado de la República tienen su razón de ser en dos concepciones diferentes de la Sociedad y del Estado en Colombia. Esos dos enfoques contrapuestos de país, comenzaron en el siglo XIX, poco después de la independencia y están en el fondo de la mayoría de las guerras que ha vivido la nación. Es el enfrentamiento entre la sociedad patriarcal de criollos enfeudados que venían gobernando con los españoles y después que el ejército patriota dirigido por Bolívar derrotara a los peninsulares en la batalla de Boyacá, lo acusaron de dictador, atentaron contra su vida, asesinaron al mariscal Sucre, destruyeron la Gran Colombia y muerto el Libertador, se hicieron al poder para defender el statu quo, ensanchar sus haciendas con la violencia anti campesina, se aliaron con el poder imperial anglosajón y norteamericano para mantener el predominio de esta oligarquía de terratenientes, banqueros y grandes comerciantes, que aunque convertía la Nación en una neocolonia, les garantizaba el predominio de su riqueza. Contra ellos siempre hubo una oposición democrática, popular y libertaria,  que buscó hacer de Colombia una nación moderna, libre y soberana como la soñara Bolívar. Baste recordar aquí a José María Melo, Rafael Uribe Uribe y Jorge Eliecer Gaitán.

La visión de Uribe Vélez, corresponde a la del terrateniente enfeudado, partidario del despotismo político tipo monarquía de la edad media, para quien la democracia participativa, el pluralismo ideológico, la libre opción sexual, política o religiosa, son una afrenta al “orden divino”. Gustavo Petro, tiene la visión de un intelectual de izquierda del siglo XXI, partidario del libre albedrio, el pluralismo ideológico, la equidad social, la intervención del Estado en la Economía para construir un progreso incluyente. Las polémicas han girado en torno a asuntos críticos de la vida colombiana como la persistencia de la violencia política que se ha querido resolver mediante una negociación civilizada y seria de adversarios, pero que el uribismo sólo la ve posible mediante el aplastamiento del contendor; el problema del narcotráfico que E.U. ha intentado resolver mediante la guerra en los últimos 50 años sin ningún resultado, pero que podría solucionarse viéndolo como asunto de salud pública y legalizando la producción y el mercado de drogas adictivas; el problema de los seis millones de hectáreas despojadas a los campesinos por la violencia y que ellos hoy reclaman para volver al trabajo  y garantizar la seguridad alimentaria del país; la responsabilidad por los “falsos positivos” y la muerte de tantos líderes sociales y defensores de derechos humanos. Sin la solución de estos problemas Colombia no podrá tener verdadera democracia ni ingresar a la modernidad.

Likes(0)Dislikes(0)

Comments

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *