MANGUALA POLITIQUERA

Actualidad Columnista

Por Aníbal Charry González.

Nadie puede poner en duda que la elección de la exministra de Justicia de este Gobierno, Margarita Cabello Blanco, fue producto de una manguala politiquera de esas a que nos tiene acostumbrados la clase política, para cumplir los pactos simoníacos que a ella interesan, que incluyen  el reparto de mermelada que Duque dice falsamente que no reparte, y por supuesto la distribución  de la fronda burocrática del ente de control, y claro benevolencia con la corrupción que tiene hontanar en los electores de la nueva procuradora. Esa es la verdad en el propósito de cooptar todos los organismos de control por parte del Gobierno para que nadie lo ronde, pues dudo mucho que la procuradora      vaya a controlar realmente a quienes le hicieron el favor de elegirla abrumadoramente para que represente los intereses del país político y no los del país nacional.

Y es que aparte de los méritos que tenga la nueva procuradora que sin duda los tiene, los congresistas no la eligieron por eso, sino porque era la señalada por Duque, que es el que reparte  los sobornos politiqueros, y no para que se convierta en una líder de la lucha frontal contra la corrupción en la administración pública, y para cumplir estrictamente con esos pactos politiqueros, sea o no conveniente la elección de un  determinado funcionario, como se hizo con el cuestionado presidente del Congreso Arturo Char, miembro  de Cambio Radical, digo, Familiar por ser el partido político de la familia Char aliado político de este Gobierno, demostrativo que unos son los intereses del país político y otros los del país nacional.

Por eso Jorge Eliécer Gaitán decía con razón de vieja data que una cosa era el país político con sus puestos, sus contratos y canonjías que dispensaba el Estado a través de la corrupción como lo seguimos viendo, y otra cosa era el país nacional, con sus angustias, con su educación, con su salud y su trabajo, permanentemente desatendidos por el país político al punto que transitaban  por caminos diferentes, lo cual ha permitido que en el cumplimiento de esos pactos politiqueros se hayan elegido en los organismos de control verdaderos bandidos, como ha ocurrido en la Contraloría donde  varios contralores terminaron encarcelados por corruptos, y en la Procuraduría a otro que terminó condenado  por corrupto y  ser alfil de la mafia del narcotráfico.

De ahí que con todas las calidades que tenga la nueva procuradora, no soy optimista de que se vaya a poner de verdad al frente de la lucha anticorrupción en la administración pública, cuando viene de las entrañas de un gobierno al que le corresponde controlar, y menos cuando en su discurso  dijo que su principal misión iba a ser la unidad y no la polarización, dando a entender que iba a tratar de quedar bien con todos los que la eligieron, porque está claro que la misión de la Procuraduría como representante de los intereses de la sociedad no es quedar bien con los corruptos, sino polarizando la lucha contra la corrupción de la clase política que la eligió. Ojalá me equivoque.

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