LOS EFECTOS DE LA PAZ

Actualidad Columnista

Por Luis Alfredo Ortiz Tovar

Con el pesimismo, en ocasiones mal intencionado que a una gran parte de colombianos viene caracterizando, no nos hemos permitido advertir los parabienes que ha representado la terminación de la confrontación  bélica del Estado con la Guerrilla de las FARC. Un reciente informe, ha determinado que los homicidios en el país, se han reducido de manera dramática, en más del 700 por ciento, pasando de 2.713 en el año 2002, a 210 para el 2016. Verdad de a puño que no hemos dimensionado, quizá porque en más de cincuenta años de guerra, nos acostumbramos a las estadísticas altas en materia de sustracción de vidas, y terminamos insensibles ante el aterrador entierro colectivo de víctimas inocentes y culpables.

Otro dato estadístico que no obstante lo anterior es preocupante, es el hecho de que de cada diez muertes, seis son cometidos fruto de la violencia entre la misma colectividad, concluyendo con esta cifra, que la vida en Colombia cada vez viene siendo más milagrosa, y que el maquiavelismo de quienes delinquen, los lleva a que sea un hecho más, el sustraerle la vida a su conciudadano.

Ese pesimismo que señalamos, se extiende a hechos que resultan injustos y lamentables, como por ejemplo cuando en pleno desarrollo de las competencias más importantes en el mundo de las vielas, nuestros emblemáticos ciclistas que con tanta altura han dejado al país, son señalados de segundones, olvidándose que es la élite la que compite, y que por los resultados estamos en dicha esfera. Pero preferimos denigrarlos y criticarlos, en vez de enaltecer el pundonor con que con cada pedalazo han logrado meritorios triunfos personales que redundan en beneficio de una imagen que como nación, no propiamente es la mejor.

Con una visión abierta y con el deseo de salir de este ostracismo que nos ha dejado de herencia el conflicto, debemos trabajar, y darle la importancia que merece el haber empezado a recorrer el camino por la paz, que es tarea de todos, no de los actores armados; y por ser tarea de todos, en lo mínimo que debemos contribuir es a criticar con razón, sin los apasionamientos en que hemos caído y las divisiones en que estamos sumidos, pues la lucha no es por un partido ni un candidato, sino por una causa que es común en el mundo, y es el de lograr la convivencia pacífica, y la búsqueda de las soluciones a los problemas que la sociedad enfrenta, de manera armónica y pacífica, sin que huela a retórica, sino más bien al enarbolamiento de una sola bandera. Después que ello se logre, que cada cual busque sus fines, y que cada partido y protagonista de ellos alabe con discursos sus causas, y defienda sus propios intereses. No nos pueden ni nos deben seguir metiendo en la vorágine en la que nos hemos convertido, tergiversando los ideales que nos deben identificar como sociedad.

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