Lecciones de la crisis del sector papero

Actualidad Columnista

Por Eduardo Gutiérrez Árias.

Los productores de papa de Colombia están viviendo uno de sus peores momentos porque el mercado está inundado del producto y nadie quiere comprarles sus cosechas. Muchos han salido a las carreteras y parques de las grandes ciudades a ofrecer a menor precio este esencial rubro en nuestra canasta familiar. Las pérdidas para los campesinos han sido inmensas y sus obligaciones crediticias difícilmente podrán ser atendidas. Los bancos, más temprano que tarde, terminarán buscando recuperar el monto de los créditos otorgados a los cultivadores arruinados mediante embargos a sus fincas y otros bienes. En Colombia existen más de 100.000 paperos cuya producción anual es de alrededor de dos millones setecientas mil toneladas que alcanza para cubrir la demanda nacional. Sin embargo el gobierno ha autorizado la importación de papa procesada como lo ocurrida en este año por un volumen cercano a las 25.000 toneladas que ha contribuido a la actual saturación del mercado. El otro factor perturbador ha sido la gran recesión económica ocasionada por el confinamiento para contrarrestar la pandemia de coronavirus que ha provocado una contracción de la demanda en todo tipo de consumos. Aunque el pueblo colombiano, en un gesto solidario, procura comprar y consumir mayores volúmenes del producto, esto no va a generar un cambio sustancial en la situación. Tampoco el gesto populista del gobierno de asignar una partida de $30.000 millones de pesos para paliar la crisis, que si se distribuyera bien sólo significaría un apoyo de alrededor de $300.000 pesos por productor, cuando cada uno enfrente pérdidas millonarias.

La verdad es que los campesinos sufren periódicamente estas crisis de sobreoferta de su producción. Las han sufrido y las sufrirán recurrentemente no sólo los paperos, sino también los cafeteros, los arroceros, los frijoleros, los tomateros, los cacaoteros, los maiceros, los fruticultores, etc. Estas crisis las originan no sólo los desajustes en la oferta y la demanda propios de la economía de mercado, sino también las manipulaciones de la agroindustria y los grandes comerciantes, para quienes es fácil abusar de unos productores desorganizados, sin planificación en la producción y sin asistencia técnica. Cuando fui Secretario de Agricultura del Huila, en la gobernación de Rodrigo Villalba creamos seis Centros Provinciales de Gestión Agroempresarial con el propósito de empresarizar la producción agropecuaria brindando asistencia técnica y extensionismo rural, organización de los productores y planificación de las cosechas. Estos Centros se mantienen pero con tan débil apoyo que no han podido cumplir eficazmente la misión para la cual se crearon. Sería bueno que el gobernador retomara esta iniciativa.

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