LAS OREJAS DEL LOBO

Actualidad Columnista

Por Carlos Tobar

Ante las críticas racistas de sectores ultrareaccionarios contra el presidente de los Estados Unidos, Barak Obama, he afirmado, en varias oportunidades, que el problema no es que sea negro sino que es imperialista. Es lo que representa: los intereses del gran capital financiero parasitario, lo que define su naturaleza social, no su origen de cuna o de raza. En su actual visita a Europa su primera parada ha sido en el Reino Unido, donde sin ambages sentenció que para su país la permanencia de su viejo aliado en la Unión Europea es la prioridad del momento. Tal afirmación la hace en medio de un referendo donde los ingleses, escoceses e irlandeses deciden sobre la permanencia en el tratado europeo. Un referendo que tiene dividido, literalmente, al reino de su majestad. División aupada por una corriente creciente de corte nacionalista, que recorre Europa, producto de la crisis económica que desde el 2008 agobia a sectores importantes de la sociedad: especialmente clases medias y trabajadores de media y baja calificación que no solo sufren el paro laboral, sino que han venido viendo cómo los privilegios y garantías de las sociedades del bienestar tienden a desaparecer.

Esta crisis es resultado de la aplicación de políticas de corte neoliberal que únicamente favorece al gran capital de bancos, instituciones financieras y grandes monopolios: los ricos de los países ricos y los ricos de los países en desarrollo. Mientras esos sectores se benefician de manera desproporcionada cómo que el 0,01 por ciento concentra el 90% por ciento de la riqueza que se crea anualmente, las inmensas mayorías de trabajadores y empresarios no monopolistas sobreviven en medio de dificultades crecientes. Esta contradicción de muy pocos con mucho y muchos con muy poco, es la que tiene revolucionado el ambiente político de la totalidad de los países y regiones del mundo. Nadie se escapa de esa turbulencia que amenaza con desquiciar el orden que emergiera de la II Guerra Mundial imperialista.

Es en ese ambiente que en la Gran Bretaña se realiza el referendo del llamado Brexit: la posible salida de la Unión Europea y que Obama defiende porque habla por el interés que realmente defiende: el del gran capital. Para los grandes poderes económicos del mundo es de vida o muerte no solo mantener los acuerdos de mercados comunes, sino que trabajan con ahínco por ampliarlos. Así los Estados Unidos está negociando con la Unión Europea el TTIP (por sus siglas en inglés), un tratado de libre comercio que sería de los más grandes del mundo y que esperan abriría posibilidades para sus negocios que no para sus pueblos.

Si los colombianos sufrimos por los tratados de libre comercio la depredación de nuestra economía y de las fuentes de empleo de nuestra gente, tenemos idéntica situación a la que afecta a los asalariados del mundo entero. Cómo han sido siempre los males comunes y las aspiraciones como sociedades civilizadas, nos hermanan. Ese vuelve a ser el signo del tiempo presente.

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