LA TRAICIÓN DE CLARA LÓPEZ

Actualidad Columnista

Por Carlos Tobar.

En la historia, no hay personajes más despreciables que los felones. De esos, está plagada la crónica nacional de la infamia: un ejemplo, no bueno, claro está, fue Carlos Lleras Restrepo, que traicionó a quien se le atravesó en su sinuosa carrera hacia el poder; los Santos, son epígonos emblemáticos de esta práctica; mas sin embargo, los López les llevan ventaja, de lejos, a sus ocasionales competidores. El botón más reciente, en esta loca carrera de indignidades, lo acaba de poner la Ministra del Trabajo del régimen Santista, la señorona Clara López, quién en un acto de transmutación, digno de las más altas artes del travestismo, se convirtió de líder de la oposición al régimen, a su más abyecta defensora.

¡Increíble!, ¿verdad? Pero, es cierto. Sin ruborizarse, ni despeinarse, la señora López –de la rancia estirpe de los herederos de Don Pedro López, el primer estafador bancario de la era republicana–, pasó de criticar los pírricos aumentos del salario mínimo de los trabajadores en los años anteriores, a pedirles a sus representantes que se “pusieran en los zapatos de los empresarios”, y que no exigieran imposibles. Con argumentos igual de torticeros, ha salido a justificar el mínimo aumento del salario mínimo, para los más pobres del país, no obstante que ella y el ministro de Hacienda promovieron, defendieron e impusieron en el congreso, a punta de “mermelada” multimillonaria, la más regresiva reforma tributaria de la historia reciente.

Había que ver, no más hace pocos meses, a la señora López opositora al régimen santista, despelucarse en la plaza pública, por la aplicación a raja tabla de los ucases neoliberales de la Ocde –el club de países ricos que promueve las buenas prácticas de países sumisos, que benefician sus sacrosantos negocios–, que desbarataban el sector productivo, tanto industrial como agropecuario, acabando con el trabajo nacional. Esa era la posición correcta, incluida la despelucada. Para, ahora, salir a justificar esos mismos ucases, con el agravante de que lo hace en la política más dañina para los trabajadores y las clases medias del país: los impuestos. Nadie está en contra de que se pague impuestos. Sí, pero no así. En una sociedad justa, el que más gana más paga: los impuestos deben ser progresivos. La reforma tributaria santista, es profundamente regresiva: los que menos ganan, más pagan. Y, viceversa. El punto final lo pone, el irrisorio aumento del salario mínimo.

La felonía de la señorona, no tiene parangón; sus antepasados, engañaban desde su posición política oligárquica; defendieron e impusieron el régimen excluyente liberal-conservador. Ella, usurpando banderas que no le pertenecen, que son propiedad del esfuerzo descomunal por abrirle paso a una alternativa seria de izquierda democrática: el Polo Democrático Alternativo, pretende entregar esta organización independiente del Estado y de las élites, a las huestes del santismo, para que continúen engañando a los más débiles e indefensos. No lo lograrán: ella y sus secuaces, se disfracen de la forma que lo hagan. ¡No lo lograrán!

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