LA TENENCIA DE LA TIERRA Y LA VIOLENCIA

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Por Aníbal Charry González.

No hay ninguna duda que el problema de la tierra ha sido el verdadero hontanar de la violencia en Colombia, que tiene su origen en la llegada de los conquistadores en el siglo XVI y el despojo a nuestros aborígenes que continúa plenamente vigente al parecer sin remedio en pleno siglo XXI, descrito en forma certera por el escritor uruguayo Eduardo Galeano con esta lapidaria frase: “Vinieron. Ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos la tierra. Y nos dijeron: “cierren los ojos y recen” Y cuando abrimos los ojos, ellos tenían la tierra y nosotros teníamos la Biblia”. En suma el despojo de la tierra en nombre de las Sagradas Escrituras como consecuencia del descubrimiento de América, que nos ha sumido en el desangre más atroz de la mano del fanatismo hasta la fecha.

Porque fue con el advenimiento de los españoles y el sometimiento de los indígenas por medio del fanatismo religioso y la violencia, que quedó diseñado el perverso esquema de distribución de la tierra con la mayor parte  para ellos dando origen al latifundio, y la minoría para nuestros indígenas a través de los resguardos, estableciéndose por supuesto tamaña desigualdad con quienes eran los originarios dueños de la tierra, que fue la génesis de la violencia que todavía estamos padeciendo.

Por eso sin elipsis podemos afirmar como lo hace el escritor Jorge Orlando Melo, que “La violencia es la gran tragedia de la sociedad colombiana del último siglo y constituye su mayor fracaso histórico”. Qué duda cabe cuando el pueblo colombiano ha sido víctima de todas las violencias durante más de 150 años, y lo más grave es que se sigue apoyando la violencia como instrumento para resolver el problema de la tierra lográndose el efecto contrario de sumirnos en esa espiral  violenta, porque como lo estamos viendo en esta época electoral, de seguir al frente de los destinos nacionales el mismo establecimiento  depredador y excluyente, lo que vamos a tener es mayor dosis de violencia cuando se promete  volver trizas los acuerdos de paz que pactaron una reforma agraria integral como soporte axial de una paz estable y duradera.

Y para colmo de males terrenales en este santanderista país, ahora mismo por cuenta del examen de constitucionalidad que asumió la Corte Constitucional, existe la amenaza de ahorrarle al candidato marioneta en caso de que sea presidente de cumplir su promesa destructora, con una ponencia que pide tumbar la reforma rural integral, por cuanto, dizque se desconocieron principios constitucionales en la expedición del Decreto Ley 902 de 2017, -cuando está en juego es la misma paz como derecho fundamental entre los fundamentales-; y por eso todo su articulado debe caerse, y  de rebote, toda la estantería de lo acordado en La Habana.

 En resumen, más enemigos en la materia no podíamos tener, y la oscura perspectiva que hay es continuar con la mortandad  en este descaecido país. Y los desposeídos condenados a seguir rezando con la Biblia en la mano como en el Descubrimiento, y los despojadores con la tierra. Amén.

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