LA REFORMA POLÍTICA

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Por Aníbal Charry González.

Siempre he sostenido que una reforma política integral que acabe con el sistema político  electoral de alcantarilla que tenemos, que es donde se encuentra el miasma  de la corrupción que contamina todos los niveles del Estado y de la misma sociedad, no podrá salir nunca del seno de la clase política, o sea del Congreso, porque al grueso de  sus integrantes no les interesa que tengamos una estructura electoral limpia que  acabe con el vulgar negocio de filibustería politiquera que hace posible el enriquecimiento torticero financiado por toda clase de carteles entre ellos el de la contratación, que son los que terminan eligiendo a los gobernantes para que después con cargo al presupuesto público les retornen el valor de la espuria inversión electoral.

No obstante, hay que reconocer que la reforma política que hace tránsito en el Congreso y que ya pasó el tercero de ocho debates para que se convierta en acto legislativo, sin ser ideal va por el camino correcto al aprobarse en la Comisión Primera de la Cámara la financiación estatal plena de las campañas y las listas cerradas a partir del 2019 sin más dilaciones, porque sin duda  el mayor foco de corruptela electoral como se ha dicho está en la financiación mixta de las campañas y en el nocivo y contaminador voto preferente que pone a guerrear suciamente a los mismos aspirantes del partido por una credencial utilizando toda clase de artimañas incluida la compra de votos, y aceptando financiación hasta del mismo diablo con tal de lograr el ansiado objetivo de la patente de corso que pervierte el ejercicio de la política al quedar realmente en manos de estos mercaderes vitandos, y no en los partidos como ocurre en otras latitudes.

Y es que con  estas  reformas, si bien por supuesto no se va a acabar con la corrupción como muchos  cuestionan para que sigamos igual, si va a permitir sentar las bases para que haya una auténtica responsabilidad política de los partidos sobre los elegidos, obligándolos a organizarse seriamente para que con mecanismos democráticos como consultas internas y convenciones seleccionen el orden de los candidatos en las listas cerradas, y de esta manera reducir la corrupción electoral, que junto con la financiación estatal de las campañas con rigurosos controles que deben estar en cabeza de una corte electoral independiente y con dientes  que resuelva y sancione en términos cortos cualquier transgresión de las reglas de juego, cualquier reforma depuradora se convertirá en este país de ingeniosos defraudadores en un canto a la bandera.

Por eso con los sustanciales cambios, no puede resultar peor el remedio que la enfermedad como lo sostiene con ligereza el novel representante Julio César Triana, que quería aplazar la aplicación de las listas cerradas para el 2022, pues no puede haber peor enfermedad que la de la mojiganga  electoral podrida que existe actualmente financiada por  la delincuencia que es la que termina eligiendo gobernantes  para entrar a saco en el tesoro público, de la mano del clientelismo corruptor de la política que entronizó el voto preferente.

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