LA PODEROSA ESPOSA DE MADURO QUE MANDA EN VENEZUELA

Actualidad Columnista

Por las2orillas

Por cuenta de Cilia Flóres, diez años mayor que él, Maduro entró al círculo íntimo de Chávez y se convirtió en su heredero. Ella se lo recuerda cada día

Cilia Flores ha colocado, en los últimos cuatro años, a cuarenta y cinco de sus familiares y amigos más cercanos en puestos vitales dentro del gobierno de Venezuela. A su comadre, Miriam Mohandry, le pensaba dar la fiscalía. Fue la única jugada que no pudo dar. Luisa Ortega, a quien conoce desde mediados de los años noventa cuando se fundó el Movimiento Bolivariano que le terminaría dando el poder absoluto a Hugo Chávez, resultó teniendo el talante como para soportar su embate de La primera combatiente de Venezuela, como la nombró Nicolás Maduro una vez se casó con ella en julio del 2013.

Ésta abogada de la Universidad de Santa María, la menor de seis hermanas  nacidas en un rancho de piso de tierra y techo de paja en el estado de Cojedes, conoció a Nicolás Maduro en 1993 mientras elaboraba la defensa de los ocho militares que intentaron deponer en febrero de 1992 al presidente Carlos Andrés Pérez y que después fueron  encerrados en la cárcel del Yare. Cilia tenía 42 años, Maduro, quien formaba parte del cuerpo de seguridad de Chávez en esa prisión, 32. Ella estaba casada desde 1975 con el juez Walter Gavidia con el que tenía tres hijos. Él seguía trabajando en el Metro de Caracas en donde no se limitaba a conducir uno de los trenes sino que era un activo sindicalista. Ambos quedaron hechizados por el encanto del joven coronel Hugo Chávez Frías quien sería indultado a finales de 1994 por el entonces presidente Rafael Caldera.

Una vez quedó en libertad Chávez  Cilia Flórez abandonó a su esposo, cansada de sus continuas infidelidades, los casos que tenía su bufete de abogados y se consagró al sueño de Chávez. Fundó el Círculo Bolivariano de los Derechos Humanos y del partido MBR-200 antecedente del Movimiento Quinta República y del Partido Socialista Unido de Venezuela. No dormía preparando la estrategia con la que Hugo Chávez llegaría a la presidencia en las elecciones de diciembre de 1998. Mientras iba ocupando cargos vitales como Procuradora General de la República y Presidenta de la Asamblea Nacional – en donde tomó la decisión de prohibir la entrada de la prensa a las sesiones-  empezaba a enamorarse de Maduro. Su romance era un secreto a voces. Mandona e impulsiva, su esposo no ha dudado en calificar su genio: “ella es candela pura” y afirmó que las discusiones de pareja él las cierra con un dócil “Lo que tu digas mi amor”. En los círculos chavistas llegan a ver con malos ojos el poder que ejerce Flores sobre su marido.

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La influencia de Flóres sobre Maduro era total. El entonces canciller dejó a un lado su ateísmo radical para darle paso a la lectura diaria del I-Ching, el milenario libro chino al que consultan cada vez que van a tomar una decisión trascendental. Según Flóres gracias a este libro pudo anticipar el golpe de estado que le propinó a Chávez la directiva de PDVSA en abril del 2002. Ella convenció a Maduro de que viajaran en el 2005 a Nueva Delhi a conocer al gurú hindú Sai Baba de quienes son dóciles seguidores. Dicen que ella es la única que logra frenar el poder absoluto que irradia en Miraflores el General Vladimir Padrino, ministro de defensa y el que es para muchos el verdadero poder que sostiene a Nicolás Maduro en el poder después de tres muertos de protestas  y 83 muertos.

Después de convertirse en la primera dama de Venezuela no le tembló el pulso para pelearse con Maria Gabriela y Rosa Virginia Chávez, las hijas de su mentor, quien les plantó cara y las echó de la Casona, la casa presidencial que las dos muchachas se negaban a abandonar. Siendo esposa del Presidente ha demostrado un nepotismo exagerado. Entre los 45 familiares que nombró en cargos fundamentales dentro del gobierno está el de Walter Gavidia Flóres, hijo de su primer matrimonio a quien nombró juez noveno de primera instancia del área metropolitana de Caracas. A su ex esposo también le dio un alto cargo en la Fiscalía. Su sobrino Carlos Erick Malpica es tesorero nacional y Vicepresidente de PDVSA. Su amigo íntimo Maikel Moreno fue nombrado por ella Presidente del Tribunal Supremo de Justicia a pesar de tener en su pasado una condena por matar a una mujer y estar investigado por formar parte de una banda delincuencial llamada Los Enanos. Lejos de pedir disculpas por su nepotismo, dice cada vez que puede que si nombra a su familia en cargos tan altos es por la inteligencia y capacidad de trabajo que desde siempre han tenido los suyos.

El único movimiento que no pudo hacer fue el de nombrar a su comadre Miriam Morandy como Fiscal General de la Nación. Ese intento le salió caro al chavismo ya que se terminó de ganar la antipatía de la que parece la más poderosa enemiga que pueden tener los esposos Maduro-Flóres, la Fiscal Luisa Ortega.

Por ahora implanta su poder desde un programa televisivo, En familia con Cilia, en donde no solo asusta a Lilian Tintori y Enrique Capriles, los “Sifrinos” –nombre con el que se conoce a los gomelos en Venezuela- que quieren derrocar la revolución bolivariana. Amenaza con que el legado de Chávez estará “otros 3.000 años” y, de cuando en cuando, mientras esconde su cartera Chanel de USD$ 4.500, da consejos para hacerse un desayuno como ella le gusta, con pedacitos de chorizo y pimentón, porque la Primera Combatiente de Venezuela también cocina, aunque pocos lo crean.

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