LA PANDEMIA DESNUDÓ MODELO ECONÓMICO-POLÍTICO

Actualidad Columnista

Por Marcos Silva Martínez.

La impredecible aparición y expansión del SARS COV 2 y sus devastadores efectos, tomó por sorpresa a gobiernos y comunidad planetaria.

Quedo demostrado que la mayoría de naciones, gobernadas con los dogmas del mercado-consumismo, no disponían de recursos y logísticas, adecuados y necesarios para responder a los desafíos de la pandemia.

¿Por qué? Porque ese sistema privilegia la rentabilidad, acumulación y concentración de capital, por encima de los derechos sociales, la equidad socioeconómica, el derecho a la vida, la salud y la dignidad humana. Es un sistema aceptado sin reservas, por las mayorías sociales por los atractivos de la cultura espectáculo-folclórica y los espejismos de libertad y emprendimiento empresarial, que inercialmente desarrollan conciencia social colectiva de sumisión, resignación y vasallaje, similar a la estupidez.  

La pandemia desnudó la precariedad e inconsistencia de los Sistemas de Salud, de las naciones sometidas al sistema que antepone la rentabilidad y acumulación de capital, sobre cualquier otro objetivo.  Demostró su incapacidad absoluta para responder oportuna y eficazmente, a las amenazas contra la salud y la vida. Todo, consecuencia de los dogmas del mercado y el consumismo, estructurados para asegurar máxima rentabilidad, acumulación de capital y riqueza, en pocos usufructuarios. Esos dogmas son sagazmente maquillados con los espejismos de enriquecimiento fácil y rápido e hicieron creer, a las mayorías sociales del planeta, que el mercado-consumo resuelve toda la problemática socioeconómica.

Un  análisis racional e imparcial,  de los hechos y consecuencias, vinculados y devenidos de la expansión y tratamiento de la pandemia, en las diferentes naciones, y de las decisiones y acciones de los gobiernos, para responder a los ciudadanos frente a los efectos del contagio, permiten  advertir la abismal diferencia entre los principales modelos político-económicos y sociales,  los nivel de desarrollo tecnológico-científico logrado en cada nación y el sentido de responsabilidad social y política de gobernantes. 

Vale destacar la posición y actuación de E. U., como adalid del capitalismo planetario y sus vasallos inmediatos como Brasil que, junto a Reino Unido, España, Italia, entre otros, dieron prelación a la rentabilidad económica y la complacencia social, antes que a la salud. Sus posiciones, actitudes y decisiones, contrastan diametralmente con las acciones y resultados de naciones como China, Vietnam, Rusia, Corea del Sur, Alemania, Japón, entre otros, cuyos gobiernos, se soportan en instituciones fuertes, responsables y eficientes, demostraron disponer de sistemas de salud robustos, dotados con recursos, logísticas y sentido de responsabilidad adecuadas, para garantizar la protección de todos los ciudadanos.    

Las naciones, sometidas al sistema económico-político, que privilegia los objetivos económicos sobre los sociales, en el que predomina el poder político- económico exclusivo y excluyente, demostraron tener gobiernos, incondicionalmente protectores del rendimiento económico, antes que el derecho a la vida y la salud de las mayorías.  

En las naciones que impera el régimen de mercado-consumo, rentabilidad y acumulación de capital, en términos generales, los sistemas de salud se convirtieron en negocios, como cualquiera otro, cuyo objeto es generar utilidades y capitalizar ganancias para cerrados círculos de poder, dominados por el oportunismo y la corrupción. En todas esas naciones, como queda demostrado con los episodios y consecuencias de la pandemia, tiene prioridad la producción de rentabilidad económica por sobre la salud y bienestar de los ciudadanos.  

Los efectos socioeconómicos pos pandemia, son y serán más devastadores en naciones de menor desarrollo y dominadas por el modelo rentista, en los que se registran generalmente, altas tasas de desempleo, informalidad, miseria y pobreza, y están sometidas a modelos de desarrollo interno y comercio internacional, impuestos y vigilados por naciones que se arrogan el derecho planetario, de definir, imponerles y regular el modelo político-económico. De esa manera, socioeconómica y políticamente, condenan a las mayorías ciudadanas al atraso secular indefinidamente, sin alternativa, si permanecen sometidas al dominio del poder ejercido por las élites y sus secuaces, que desde siempre han mal gobernado y demostrado su perversidad en el ejercicio del poder.

Los episodios globales y locales de la pandemia y sus consecuencias, dejan lecciones políticas y económicas concretas e inequívocas. Esa realidad, sumada a las ya tensas relaciones internacionales, por el dominio geopolítico y los mercados, obligarán cambios socioeconómicos y políticos de fondo, que deben ser utilizado por las naciones de menor desarrollo, para aprobar e institucionalizar reformas que garanticen recuperación de la soberanía nacional, viabilizar desarrollo económico y tecnológico, capaz de lograr autosuficiencia nacional y reducción de dependencia de los centros de poder global.

Los políticos, dirigentes, ciudadanos electores y comunidad en general, deben analizar los efectos y consecuencias y esforzarse por entenderlas, siempre bajo el convencimiento de que el mejor negocio de cualquier nación es acabar con la pobreza y la ignorancia y que solo se logran con el desarrollo nacional integral equitativo, socialmente incluyentes.

Los efectos y consecuencias económicas y sociales de la pandemia, deben generar cambios del modelo económico-político, social e institucional, para transformar integralmente el estado y ponerlo al servicio del desarrollo nacional.

Son aspectos, inquietudes y desafíos, íntegramente válidos para todas las naciones en desarrollo, que son las que con mayor rigor padecerán las consecuencias de la pandemia COVID-19 y los desequilibrios e inequidades socioeconómicos globales.

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