LA MARCHA DEL PAÍS NACIONAL

Por Aníbal Charry González
No obstante los anuncios intimidatorios de acuartelamientos y toques de queda por parte del Gobierno Nacional para tratar de limitar la protesta ciudadana, se llevó a cabo el pasado 21 de noviembre una auténtica marcha masiva del país nacional en contra del país político como atinadamente lo diferenciara Jorge Eliécer Gaitán, para resumir sus alcances, que solo tiene antecedentes en la marcha del silencio del 7 de febrero de 1948 durante el gobierno de Mariano Ospina Pérez, que movilizó más de 100.000 personas y culminó con la famosa Oración por la Paz pronunciada por el asesinado caudillo liberal, pidiendo que hubiese paz y piedad para la patria ensangrentada de la época.

Y es que resulta pertinente relacionar las 2 históricas movilizaciones , que por supuesto tienen sus diferencias en sus motivaciones y en sus liderazgos, pero también sus identidades, en tanto, en este descaecido país agobiado siempre por las carencias sociales y la violencia, ambas han clamado por lo mismo frente a ese país político que siempre ha gobernado a espaldas del país nacional, como que en estos tiempos solo ha cambiado como alguien lo anotara con acierto, el rostro de las personas y la muerte, demostrativo de que solo reciclamos la violencia sin que haya soluciones sociales para ese país nacional, manteniéndose a sangre y fuego los privilegios de ese país político, con el fin de que, como lo rezara Gaitán en su Oración se pueda aprovechar “la capacidad de trabajo del pueblo para beneficio del progreso de Colombia”.

Pero fundamentalmente para destacar y diferenciar entre las 2 marchas, está el liderazgo que las convocaron: en la primera, el caudillismo del más grande líder político de nuestra sangrienta historia, que terminó asesinado por el establecimiento al demostrar sin antecedentes en el mundo su gran poder de convocatoria; y en la segunda, el empoderamiento también sin antecedentes en nuestro país, esta vez de la ciudadanía que demostró por fin que tiene el poder de provocar pacíficamente un cambio de rumbo en el régimen de corrupción y muerte que hace rato nos rige, en ejercicio de la legítima defensa de sus derechos como lo dijera Gaitán, que en su oración previno al Gobierno de entonces sobre su poder de reacción para ejercerla en caso de que continuara su represión.

Ha dicho el presidente Duque destacando el buen comportamiento ciudadano -salvo los sempiternos hechos de vandalismo en algunas ciudades-, “Hoy hablaron los colombianos, los estamos escuchando”, y hacemos votos como demócratas para que sus palabras sean sinceras y promueva un verdadero timonazo político a fin de darle respuesta a la ciudadanía oprimida, que le ha notificado pacíficamente que debe actuar como representante del pueblo que lo eligió, y no de una camarilla política retardataria que solo aspira a conservar sus privilegios, para que esta patria no siga navegando sobre ríos de sangre como también lo advirtiera Gaitán, so pena de que en ejercicio de esa legítima defensa como país nacional haga valer su demostrado poder de constituyente primario para señalarse su propio destino. Ya veremos si no seguimos repitiendo la sangrienta historia.

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