LA JEP, UN AÑO DESPUÉS

Por Luis Alfredo Ortiz Tovar.

Diez mil excombatientes, cuatro mil quinientos agentes del Estado, y un poco más de trescientos civiles, transcurrido un año de entrada en vigencia de la Jurisdicción Especial para la Paz, son quienes han pedido cabida en este escenario jurisdiccional no adversarial, vale decir que el movimiento de esta especial jurisdiccional para la transición de la guerra a la paz, asisten por virtud de su propia voluntad, básicamente a entregar verdad de los hechos que pudieron cometer, o participar de manera directa o indirecta, y a pedir perdón a las víctimas, todo en aras de la reconciliación que es lo que teleológicamente contiene este proceso de paz, que digámoslo, ya ha empezado a cambiar de matiz. En efecto, vimos recientemente a la ex esposa del histórico representante de las ex. FARC, “Tirofijo”, entregarle simbólicamente un presente al expresidente Uribe, antagonistas a mas no poder en vigencia del Conflicto Armado Interno, que por fortuna de la sociedad colombiana cesó como la horrible noche, misma de la  que hace alusión nuestro canto nacional.

Y es que sobre la JEP, se cernió todo tipo de improperios desde sus albores, no solo por la competencia asignada por derivación del proceso de negociación, y los acuerdos finales, sino por sus integrantes. De ellos, entre otras cosas se ha dicho que sus ideologías guardan relación con la de la insurgencia, y que por tanto habrá sesgo a la hora de las decisiones. Recordemos que ellos son jueces, y como tales deben sujetarse a la Constitución y la ley, y que si en gracia de discusión (no tengo conocimiento alguno) hay sincronía en lo ideológico, su función de administrar justicia debe apartarlos de cualquier matiz, tal cual sucede con cualquier otro juez, de ideología liberal o conservadora, de izquierda o de derecha.

Sin lugar a dudas, la Jurisdicción Especial para la Paz debe seguir avanzando no solo en la apertura de emblemáticos procesos, entre ellos los más dolorosos, como el reclutamiento de menores, o los falsos positivos, sino en irle dando credibilidad de su actuar con decisiones oportunas y justas, de manera que la sociedad reconozca su proceder, y entienda que más allá de darle gusto a unos o a otros, su papel es el de saldar heridas tan profundas como las que con razón sobrada hoy no han logrado cerrar las víctimas del conflicto, producto de la barbarie de los actores armados, que orquestaron una guerra maquiavélica desconociendo los mínimos de humanidad que el Derecho de la Guerra establece en escenarios límites como la confrontación armada. Criticar constructivamente es bienvenido en todo espacio y lugar donde personas obren, hacerlo constructivamente, servirá de verdadero espacio para crecer, pues la vista de otros buscando mejoras, siempre será de buen recibo. La crítica acérrima, mal argumentada, y carente de razón solo servirá para demorar más la sanación que el país reclama

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