LA IMPLACABLE NATURALEZA

Actualidad Columnista

Por Carlos Tobar

Desde los primeros días de este año, he tenido un tema rondando en mi cabeza: el cambio climático. Mucha información que circula en los medios: escritos, hablados, digitales, en redes sociales, tratan, con cada vez más frecuencia, de los cambios ya fácilmente perceptibles en los ecosistemas planetarios. Cuando no es sobre los efectos de los combustibles fósiles sobre el calentamiento global, o de la agudización de este fenómeno a causa de actividades humanas sin control, como la agricultura por el uso abusivo de fertilizantes, es por el preocupante deshielo de los polos y las zonas de hielo perpetuas (?), de la contaminación con desechos humanos de ríos, mares y cuerpos de agua, o de la incontrolable deforestación que arrasa con bosques y áreas de conservación.

Existe una preocupación genuina, de una porción importante de la opinión pública, por los temas ambientales. No es solo que se hayan puesto de moda, es que por el efecto demostración inmediato, los moradores de este, nuestro único planeta, empezáramos a tomar conciencia de que nuestra relación con él, no es la mejor. Por el contrario, pareciera que nos estuviésemos percatando que vamos en contravía.

Varios fenómenos naturales, han sacudido al Huila en los días que van corridos de este año: inundaciones y avalanchas en el sur del departamento por exceso de lluvias; un fuerte sismo, con posteriores réplicas, que tuvo como epicentro al municipio de Colombia y, cuando estábamos superando esos desastres nos sorprende la ola invernal atípica que ha afectado gravemente los municipios de Algeciras, Campoalegre, Rivera y Neiva. Las avenidas de ríos, normalmente tranquilos, como Las Ceibas, Rio Frio y Río Neiva, han sido de proporciones que no se veían hace mucho tiempo. Los daños que han causado, son de tal magnitud que ha debido declararse la calamidad pública, para usar los escasos recursos oficiales con el fin de ayudar a las familias afectadas. En esta tarea, también hay que destacar la solidaridad de la ciudadanía.

Mi preocupación radica en que fenómenos como los que estamos lamentando, se van a seguir presentando en el futuro, con mayor intensidad y frecuencia. Lo del cambio climático es en serio, razón por la cual debemos prepararnos para afrontarlo. Sobre todo, si como señalan los científicos del mundo entero, que están dedicados a estudiar no solo sus causas sino sus consecuencias, la zona tropical del planeta va a ser una de las más impactadas. Precisamente, donde está ubicado nuestro país. ¿Qué estamos haciendo, con seriedad, para hacerlo?

Hay que empezar por reconocer que, desde siempre, la ocupación del territorio sobre el que nos asentamos, se ha realizado violentando los ecosistemas regionales. La explotación de la zona rural del valle y las cordilleras que dan forma al Huila, ha depredado sin contemplación alguna, los suelos y las aguas. El criterio de colonización con el que se valoraron las fincas, haciendas y tierras comunales, fue el de que ellas valían si se tenían potreros, no bosques y agua. Si ese fue el comienzo, en los tiempos posteriores, cuando la población creció, hasta copar la capacidad de asimilación de los ecosistemas, los daños sobre su frágil estabilidad son descomunales. No lo dimensionamos aún, pero debiéramos hacerlo.

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