LA GENTE CREE CADA VEZ MENOS EN GOBIERNOS, POLÍTICOS Y MEDIOS

Actualidad Columnista

Por María Clara Gracia (Tomado de Las2Orillas)

Crece el escepticismo al compás de escándalos de corrupción por doquier, desequilibrio económico, la tecnología que no alcanzamos, los medios apabullados por las redes sociales…

Debemos ordenar el caos. Y no tengo duda de que el mejor y más veloz método es implantar la ley del pueblo en vez de la de la turba
 Mahatma Gandhi

La crisis que está viviendo el mundo está tocando fondo, y de ella hacen parte gobiernos, políticos y medios. Les pregunté a varios colegas su opinión de todo lo que está pasando en el planeta, porque así es la dimensión del caos, y llegamos a algunos puntos que les quiero compartir.

Lo primero es la economía. Cuando los medios informan que tan solo ocho personas acumulan el mismo dinero que la mitad de la humanidad, comenzamos muy mal. El desequilibrio en políticas y globalización, está acentuando la acumulación de riqueza en muy pocas manos y pauperización de casi todas.

Lo segundo, es la incapacidad del hombre de enfrentar el fenómeno tecnológico a la velocidad que este avanza. Cada vez más las máquinas están reemplazando al hombre. Basta con ir a un parqueadero para darse cuenta que el único señor que atiende lo hace para recibir el pago y “asistir” a las máquinas por si fallan. De ahí para arriba, lo que se quiera. Péguense una pasadita por las fábricas para que vean.

Solo hay que voltear la mirada a los escándalos globales más recientes:
la FIFA, por ejemplo.
Más cerquita y aquí mismo Odebretch

Lo tercero es la crisis del capitalismo que se complementa con lo cuarto: la crisis de los sistemas de gobierno y sus políticas, porque han desvirtuado a través de la corrupción el papel del Estado para crear igualdad. Y nosotros que pensábamos que donde más se robaba era por estos lados… Pues no, sucede en todas partes a manos llenas. Solo hay que voltear la mirada a los escándalos globales más recientes: la FIFA, por ejemplo. Más cerquita y aquí mismo Odebretch, que tiene como barítono en zarzuela a los más altos funcionarios de los países de América Latina por estos días.

Lo quinto es el medio ambiente, tema de destrucción en el que la minería se lleva los honores con la aquiescencia de Gobierno y autoridades nacionales y los locales en nuestro país.

Y lo sexto, que es igual y terriblemente lamentable, son los medios porque la gente ya no les cree, bien sea porque se ajustan a los intereses del gobierno de turno, o porque no representan los intereses de las personas del común –del pueblo en general-, sino de los poderosos en el ámbito que sea. O porque están bajo el control de los gobiernos totalitarios de extremos (izquierda o derecha) como Ecuador y Venezuela de un lado, o el mismo Estados Unidos del otro, que está comenzando su camino en este sentido con Donald Trump y Sean Spicer, su secretario de prensa. Y a este panorama lamentable se le suma la presión del rating que los ha llevado a superficialidades y liviandades que rayan con los valores morales, sociales y culturales, y que tienen a sus consumidores decidiendo no racionalmente sino por impulsos emocionales.

¿Y cómo dejar de lado la incidencia del fenómeno de las redes sociales que van transversales por todos los escenarios llevando verdades y mentiras sin control? Los medios ya no manejan unívocamente la opinión pública, porque sus espacios están siendo ocupados a gran velocidad por las redes en las que -en segundos- sus usuarios se manifiestan y convocan. ¿Cuál es la diferencia con los medios tradicionales? Que las redes son más emocionales, facilitan el anonimato, desdibujan el pensamiento y son muy contundentes, pero de poca duración.

Aquí se podría concluir que se rompieron los límites del rigor en todo. La prensa tiene que esclarecer, cuestionar el poder e indagarlo… no aliarse con él, justamente porque “incomodar” es su papel, su naturaleza, su razón de ser.

Un proverbio chino reza que “entre más grande es el caos, más cerca está la solución”. ¿Por dónde empezar?

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