LA GENERACIÓN EXCLUIDA

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Por Jorge Reinel Pulecio Yate (Tomado de Amazoniaypaz)

¿Qué tienen en común el ex magistrado César Julio Valencia Copete, el PhD en física Gerardo Gordillo GuzmánIván Márquez (Farc), Antonio García (ELN), Leonidas VargasEvaristo Porras, el escultor Emiro Garzón y, si extendemos un poco la cuerda, el pintor Carlos Jacanamijoy Tisoy? Que nacieron o crecieron en la Amazonia colombiana en los años 50. Y por lo tanto, son expresión de los 100.000 colombianos que hacemos parte de la “generación del 50” en el Caquetá, Putumayo, Amazonas, Guainía, Guaviare y Vaupés.

Claro que haber nacido en la misma época y el mismo territorio no constituye de por sí una “generación” con sentido de pertenencia regional. Pero puede postularse que hacen (hacemos) parte de una generación por exclusión, por tragedia y por solidaridad con futuro compartido.

Los personajes citados son conocidos en Colombia y en el mundo por múltiples y contradictorias razones (dar enter en los nombres para entrar en sus biografías). Pero sus historias tienen en común varios rasgos. Veamos:

  • Sus padres (nuestros padres) llegaron a la Amazonia expulsados por la violencia de los años 40 y 50, en búsqueda de paz y comida, y llegaron a la región geoestratégica más vital para mantener el equilibrio térmico del planeta;
  • Todos fuimos educados en colegios católicos administrados por la Iglesia (Iván Márquez estudió en el Seminario) mediante Convenio de Misiones de Colombia con la Santa Sede;
  • Todos vivimos el vórtice enceguecedor de la colonización que juntó desplazados provenientes de todo el país, taló y quemó la selva, fracasó con el arroz, el maíz, los aserríos de maderas finas y sobrevivió primero de la ganadería extensiva y luego de la coca, el comercio y algo del petróleo;
  • Crecimos bajo la férula excluyente del Frente Nacional, el estado de sitio permanente, los comisarios, intendentes y gobernadores militares, pero a su vez, bajo las diferentes lecturas creadoras de la teología de la liberación o de los expulsados de Marquetalia y Río Chiquito, del MRL y la ANAPO.

Tal vez por eso, por la colonización espontánea y a veces orientada, por el desarraigo y la pobreza, por la exclusión política, por las ideas libertarias de los 60 y los 70, la Amazonia fue terreno fértil para múltiples organizaciones políticas y gremiales legales como el MRL, la ANAPO, la ANUC, los sindicatos de maestros y de campesinos y claro, las ilegales, las FARC, el M-19, los paramilitares, los narcos, entre otras.

Los jóvenes de la generación del 50 en la Amazonia, ya en los 70 y 80, teníamos estas Opciones: seguir talando bosque para venderlo luego a los grandes ganaderos o pelechar de vaqueros hasta morir; subsistir del comercio y los servicios banales; pegarse a uno de los cargos públicos que el clientelismo liberal-conservador administraba riguroso solo entre serviles; iniciarse en el ejército, la policía, las contraguerrillas o las milicias guerrilleras; aventurarse al narcotráfico y su senda de sangre y dolor; o escapar!

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Pero escapar es dejar el pellejo enredado en la nostalgia.

El presidente Santos y el expresidente Uribe también son de la generación del 50. Pero no tuvieron que escapar. Claro que han vivido las violencias, a su manera, pero ellos no fueron excluidos.

Ahora que se habla de “equilibrio de poderes”, de reforma política y de la paz propactada en La Habana, sería bueno detenerse a pensar en las generaciones excluidas de la Amazonia, la Orinoquia, el Pacífico biogeográfico, la Costa …

Se han preguntado acaso ¿por qué solo ha habido un ministro de la Amazonia (el joven, es decir de otra generación, Guillermo Rivera Flórez), a pesar de los avances de 1991? ¿Por qué esa región, 32% del territorio nacional, hoy no tiene ni un senador? ¿Cuántos ministros negros o indios tenemos? ¿Quieren que siga?  No, por ahora. Prefiero pensar que la generación del 50 y las posteriores -que se abren campo a empujones-, si se logra consolidar la paz, cuenten con instituciones que les permitan ser generaciones incluidas y solidarias, con mayor sentido de pertenencia regional, que no tengan que escapar o morir.

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