LA AMENAZA SOBRE LOS PARQUES NATURALES

Actualidad Columnista

Por Carlos Tobar.

Cuando, a finales del año 2014, tuvimos conocimiento del proyecto de oleoducto que se pretendía construir desde las zonas de producción petrolera de los Llanos Orientales hasta el puerto de Buenaventura, con una derivación que transportaría el petróleo de las zonas de piedemonte del Caquetá y del Putumayo, nos preocupó el riesgo potencial sobre una de las áreas de protección y conservación ambiental, más importantes del país: el complejo de parques naturales regional y nacionales que conforman La Siberia, Cordillera Los Picachos, Tinigua y Sierra de la Macarena. Este corredor natural, de gran importancia para Neiva y la región norte del Huila, como quiera que el río Las Ceibas y la estrella hídrica que da cobertura de agua a municipios como Tello, Rivera, Algeciras y Campoalegre –así como a varios municipios del Caquetá–, nacen en los parques la Siberia y Cordillera Los Picachos.

Llamábamos la atención del hecho por los riesgos de alteración del ambiente natural de parques naturales que se verían afectados por la construcción y los posibles derrames del crudo por accidentes inevitables en este tipo de actividad, durante la operación de los oleoductos. Para esa época, la propuesta de la compañía promotora del proyecto, había chocado con la oposición de la dirección nacional de parques naturales, precisamente por lo que señalábamos atrás. Cuál no sería nuestra sorpresa, cuando de la dirección de la empresa promotora nos hicieron llegar una serie de fotografías aéreas que, en el lapso de los últimos 20 años, mostraba la ocupación creciente de los parques, especialmente del Tinigua y la Sierra de la Macarena. Centenares de ocupantes, campesinos, dedicados a la explotación ganadera y a cultivos de uso ilícito, tremendamente nocivos para la preservación de los ecosistemas naturales; sobre todo por la destrucción de fuentes de agua y el deterioro de suelos en ecosistemas frágiles de difícil manejo.

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Ahora, como parte de los acuerdos de paz, ante una realidad como la descrita, el gobierno nacional, las Farc y las comunidades campesinas asentadas en la zona de parques naturales, están proponiendo legalizar la tenencia de la tierra producto de la situación irregular de colonización que se dio en un territorio afectado por la violencia. Hacerlo, sin reconocer la importancia ecosistémica de los parques naturales, podría llevar a su total desaparición con la pérdida de comunidades bióticas, regiones fisiográficas, unidades biogeográficas, recursos genéticos y especies silvestres amenazadas de extinción, que son vitales para el futuro, especialmente los de cordillera. No reconocer la realidad social de ocupación de hecho, sería cerrar los ojos frente a una situación de abandono y precariedad con la que familias aisladas, sin mayor conocimiento del medio ambiente, sin apoyo del estado, sin bienes públicos, sin formas de producir amigables con la naturaleza y sostenibles en el tiempo, han venido ocupando el territorio nacional por centurias.

Por varias razones, no solo las señaladas en este escrito, sino los percances que estamos afrontando por fenómenos violentos de una naturaleza que reacciona ante la ocupación irracional del hombre, es el momento en que los colombianos debemos trabajar en el diseño de usos del suelo rural y urbano, utilizando los conocimientos que la ciencia nos da para una tarea que es vital, para el pueblo colombiano y la comunidad mundial.

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