INFRAESTRUCTURA NO EMPLEADA

Actualidad Columnista

EL Huila, como Departamento, tiene infraestructura subutilizada, descuidada, olvidada o subvalorada adquirida o adecuada por el Estado, a costo elevado, pero que no están concretamente, al servicio de la comunidad ni del desarrollo comarcano, como lo exige la actualidad.

La crisis sanitaria, por la que atraviesa el mundo, sacó a flote estas infraestructuras, pero persiste la desatención y el descuido, pese a la incidencia directa en el Sistema Nacional de la Salud Pública, en casos específicos.

En esa situación están:

  1. La Facultad de Ciencias de la Salud de la universidad SURCOLOMBIANA, con el programa de Medicina y el de Enfermería.
  2. El laboratorio Departamental a cargo de la Secretaría de Salud.
  3. El hospital universitario de Neiva, Hernando Moncaleano Perdomo.
  4. La regional del SENA, con 5 centros especializados, Neiva, Campoalegre, Pitalito, La Plata y Garzón.
  5. La Red Departamental de Emergencia.
  6. Dos generadoras de energía hidráulica.
  7. Y sinnúmero de programas “sociales” carentes de Eficiencia (Lograr metas con menor cantidad de recursos) y Eficacia (Alcanzar las metas establecidas)

La USCO prepara Médicos y Enfermeras, pero cuando la región los necesita, no están porque se fueron por baja remuneración, falta de contratación, carencia de instímulos, suplantación profesional, carencia de una política de prevención, descuido de las políticas sanitarias, pobreza franciscana en los presupuestos para la salud; y la facultad de la Alma Mater, sin adecuada dotación de equipos tecnológicos para irradiar la acción profesional hacia la comunidad.

Un ejemplo, la carencia de un laboratorio para muestras de COVID-19, se autorizó el funcionamiento, pero no contaba con reactivos; ahora falta que no cuente con los profesionales en Bacteriología.

Muy interesante, que el Gobierno Departamental y el de Neiva, concretaran convenio para el funcionamiento del laboratorio, en la Facultad de Medicina de la USCO, para análisis de muestras sobre posibilidades de contagio COVID-19

El hospital universitario, debe estar adecuado con lo último en tecnología, pero ésta se adelanta a retazos, por si acaso. Por si lo anterior fuera poco, el 70% de la planta de personal está vinculada por contrato y el sindicato responsable del profesional de la medicina, le retine entre el 20% y el 30% del salario, el contratado no tiene derecho a vacaciones y debe cubrir con el emolumento, las prestaciones sociales. Desde luego que el salario no es el mejor y los elementos de protección tampoco, menos para el caso de la actual pandemia. A lo anterior se agrega, las EPSs no pagan ni a tiempo ni a destiempo los servicios que el centro hospitalario les proporciona a sus afiliados.

Si esta es la situación del hospital de Neiva, ¿qué decir de los que funcionan en los municipios?  

El laboratorio Departamental, es un simple receptor, es decir, recibe muestras y los remite al Instituto Nacional de Salud. Ese trabajo lo puede hacer directamente cada hospital. A propósito es de referencia, pero, ¿De referencia de qué? ¿Tiene equipos?  ¿Tiene personal calificado?  ¿Dispone de local adecuado? ¿Hace investigación?

La regional del SENA se ufana de disponer en sus centros, de equipos para impartir la mejor instrucción, pero ¿cuál instrucción?, si faltan tapabocas y nadie los produce. ¿Esos centros están llenos de modernos equipos importados, para el servicio de qué, de quién?  ¿Cuándo usarlos? ¿Dónde está la eficiencia de los aprendices y la eficiencia de los Instructores?

La Red de Emergencia, para qué referenciarla, si su comunicación es nula, en los municipios ni de celulares dispone, menos de una capacidad de reacción ágil, rápida y oportuna. El nombre es rimbombante, pero…

Las DOS generadoras de energía hidráulica, no están dentro de las que se requieren para atender la calamidad en salud, pero que beneficio proporcionan a la región, si el costo del servicio es más caro del país, afectando directamente a los habitantes que padecen el impacto del COVID-19, y para rematar, la factura no está entre las que rebajan, paga el erario o pueden someterse a descuentos especiales, decir ni rajan ni prestan el hacha, en la situación pandémica de los huilenses.

Los mentados programas “sociales” no sirven ni siquiera para determinar la cantidad de pobres en la región y menos para atenuar en una mínima parte la deficiencia financiera de este sector de la población. Esta difícil situación por la que atraviesan los huilenses sin distingo de raza, credo, política, posición social, debe exigir que la salud es el principal objetivo de la inversión pública, entendiéndola, no solo desde el punto somático, sino con los factores que la deterioran, como son la pobreza, la accidentalidad, el vicio, la desviación de recursos públicos, etc.

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