ODEBRECHT Y EL ESTADIO DE NEIVA

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Por Aníbal Charry González.

Estamos condenados por la corrupción en materia de contratación, porque todas las normas y los que intervienen en ella, junto con los organismos de control  están hechos para que nunca nos podamos librar de esta plaga que nos ha convertido en íconos a nivel mundial del asalto impune al tesoro público, porque además no existe voluntad política del establecimiento que se beneficia de este cáncer que hizo metástasis en toda la sociedad  que lo alimenta por acción y por omisión, al punto que podemos decir sin rodeos que vivimos, gobernamos y hacemos política con la corrupción.

Dos botones nos sirven de muestra para rubricar mi aserto. Veamos: la multinacional Odebrecht, la mayor sobornadora  de que tengamos memoria en América Latina, ha demandado por arbitramento internacional a nuestro país para que se le indemnice con  3.8 billones de pesos por haber sido sacados ilegalmente de la Ruta del Sol 2 al liquidarse su contrato por orden de la Superintendencia de Industria y Comercio, a lo cual ha respondido con razón  el procurador Carrillo que se trata de algo “inaudito, inaceptable e indignante”, porque Odebrecht, tras de ladrón, bufón, como suele ocurrir por estos lares.

Pero lo que no sabe la opinión pública es que el mentado contrato con  Odebrecht, no fue liquidado por la entrega de sobornos a políticos y empresarios, sino que fue terminado anticipadamente por violación a la libre competencia por una demanda presentada por el ahora presidente electo Iván Duque, que impidió que se decretara la caducidad  por los hechos evidentes de corrupción, que lo obliga a uno a pensar que se quiso favorecerla, si tenemos en cuenta que Colombia fue el único país donde nada pasó con este escándalo que involucró al presidente Santos y al ex presidente Uribe –porque fue en su gobierno con el viceministro de Transporte García que se recibieron 6 millones de dólares-, y la multinacional no quiso colaborar para esclarecerlo como sí lo hizo en Perú y Brasil para que cayeran los peces gordos de los sobornos. ¿Entramado de complicidades?

Y aquí en Neiva con el mayor escándalo de corrupción en materia de contratación con el elefante blanco del estadio de fútbol, el alcalde Rodrigo Lara que ahora se lamenta de que el proceso  esté paralizado por un sainete de impedimentos y recusaciones, en lugar de haber declarado el incumplimiento por parte del contratista que era patente para que la aseguradora lo hubiera terminado, lo que hizo después de adicionar el avieso contrato  fue suspenderlo de común acuerdo, para posteriormente declararse impedido por estar investigado por la ías -cuando era a él al que le tocaba resolver el entuerto-, que hasta la fecha, cosa rara, tampoco se han pronunciado sobre la responsabilidad del latrocinio. ¿Otro tejido de complicidades? Conjetura no más.

No sería raro que al final el contratista frente a los tumbos del Estado,  terminara como Odebrecht demandando a Neiva para que le paguen los perjuicios recibidos por dejarnos sin estadio y con un reguero de muertos. Todo es posible en la dimensión siniestra y conocida de la corrupción.

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