FESTÍN CON LO PÚBLICO Y CAOS ECONÓMICO

FESTÍN CON LO PÚBLICO Y CAOS ECONÓMICO - www.tvnoticias.com.co

Por Marcos Silva Martínez.

Desde el consenso de Washington y en particular durante los ocho años del gobierno de Uribe, creció desbocada  la privatización de lo público y la corrupción pública y privada. Se intensificó la privatización del patrimonio público y el ingreso de capital extranjero a la industria y el comercio.

Toda la transferencia de riqueza nacional a empresas transnacionales, contó con el blindaje jurídico definido en leyes aprobadas bajo el principio de seguridad inversionista.

Durante el gobierno de Uribe,  lo público se convirtió en botín de oportunistas explotadores de lo público. Privatizaron  a precio de remate, BANCAFÉ, TELECOM, ECOGAS, GRANAHORRAR, Banco Central Hipotecario, Centrales Eléctricas de Norte de Santander,  Electrificadoras de Cundinamarca y Santander, Choco, entre otras.

Vendió  10% de acciones de ECOPETROL, remató hospitales estatales; Rafael Uribe Uribe, Policarpa Salavarrieta, Luis Carlos Galán Sarmiento, José Prudencio Padilla y La Caja Nacional de Previsión.

Liquidó  Electrificadoras; de Córdoba  La Guajira,  Atlántico, Cesar, Magdalena, que pasaron a ser explotadas y operadas por ELECTROCARIBE que las sumió en el caos y el gobierno nada hizo por el pésimo servicio que prestaba.

 Hizo modificación de personal en 93 organismos estatales. CORPOICA, Hotel Tequendama, FINDETER, Fondo Rotatorio de la armada, Fuerza Aérea y del ejército, vendieron el 51% de la refinería de Cartagena entre otros. Remataron  el Instituto de Seguros Sociales, a favor de terceros privados,  con el fin de consolidar el criminal negocio de la salud.

Entre  reestructuración, venta, liquidación y reformas, fueron cerca de 500 empresas estatales.

El proceso privatizador continuó en el gobierno de Santos. ISAGEN, minería, salud, etc. Y continuará con mayor énfasis con Duque y el gobierno de los gremios económicos.

Desde 1994, se inició la privatización de las principales carreteras a través de concesiones y continuó durante los años de Uribe y Santos con las confiscatorias 4G y APP. Hoy los usuarios pagan (alquiler) peajes a particulares, para poder circular por ellas y solo cinco contratistas se apoderaron de los principales corredores viales y concentran más de $48 billones en contratos.

Las utilidades de todo lo privatizado van a bolsillos de particulares. No ha fortalecer el fisco nacional. A éste solo llegan impuestos liquidados al gusto de los dueños del poder económico que imponen reformas tributarias a granel.

Son causas concretas de la encrucijada fiscal y de la pobreza y atraso nacional.

Con la apertura de los 90, se destruyó la agricultura nacional bajo el embate de las importaciones. En 2017, la importación de alimentos superó los U$8.000 millones de dólares por más de 16 millones de toneladas.

Todos los alimentos importados, se pueden producir en Colombia.  Así  se generarían más de 3 millones de empleos permanentes.  El TLC, negociado por Santos, amenaza todo el sector agropecuario y obliga pago de insumos a precios superiores a los de la región.

Todo ese festín entreguista, de privatizaciones  y sustitución de productos nacionales por importados  generó la encrucijada socio-económico-fiscal nacional, que precarizó  el desarrollo presente y amenaza el futuro,  es  consecuencia inexcusable de la irresponsabilidad política y social, de todos los gobiernos que hemos padecido los colombianos, bajo las condiciones  de secuaces de la dictadura capitalista global y el consumismo. Es causa del debacle económico-fiscal, que los  gobiernos busca resolver siempre, con reformas tributarias, descargadas sobre el consumo de las mayorías empobrecidas (IVA)  y de pringosos salarios.

De 27 millones de ocupados, solo 7 millones son formales y 15 millones informales (DANE 2018), y 72% gana entre cero y 1.5 salarios mínimos (Portafolio 2018). No obstante semejante macabra realidad socioeconómica, el pueblo, las mayorías sigue votando por candidatos de extrema derecha. Con pan y circo mantienen dopado y atolondrado al pueblo colombiano.

Así han gobernado y gobiernan, las élites y sus secuaces, desde hace más de 200 años,  a Colombia.

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