LA PELIGROSA DEGRADACIÓN DE LOS SUELOS

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Por Carlos Tobar

“La lucha contra la degradación de la tierra y la restauración de tierras degradadas, es una prioridad urgente para proteger la biodiversidad y los servicios de los ecosistemas, vitales para toda la vida en la Tierra y para garantizar el bienestar humano”

Declaración final IPBES6 – Medellín

Antes de Semana Santa, se realizó en Medellín la sexta reunión de la Plataforma Intergubernamental de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos – IPBES, que reunió cerca de 750 delegados de organizaciones gubernamentales, científicas, empresarios y sociedad civil para, mediante el método del consenso, expedir la versión final de cinco documentos básicos para la conservación de la biodiversidad en el planeta. Esos documentos fueron las evaluaciones regionales de Américas, África, Asia-Pacífico y Europa-Asia Central y el informe global sobre degradación y restauración de tierras.

El tema es de gran complejidad y las conclusiones son preocupantes, como quiera que “la degradación de la superficie de la tierra a través de actividades humanas está afectando negativamente el bienestar de al menos 3.200 millones de personas, empujando al planeta hacia una sexta extinción masiva de especies y costando más del 10% del producto bruto mundial anual en pérdidas de biodiversidad y servicios ecosistémicos”. ¡Casi la mitad de la población mundial en situación de riesgo! Un hecho que debiera sacudirnos y movernos a la acción, sobre todo, porque nuestro país es uno de los más vulnerables a los efectos del cambio climático y, donde por efecto antrópico (humano) hemos degradado peligrosamente todos los ecosistemas del territorio.

Los causantes de los males están identificados: “Los principales impulsores directos de la degradación de la tierra y la pérdida de biodiversidad asociada son la expansión de las tierras de cultivo y pastoreo hacia la vegetación nativa, las prácticas agrícolas y forestales insostenibles, el cambio climático y, en áreas específicas, la expansión urbana, el desarrollo de infraestructura y la industria extractiva”. Casi nada; en realidad todas las actividades humanas que nos relacionan con la naturaleza. La ocupación de un territorio conformado por ecosistemas frágiles que, por ignorancia, por desconocimiento de cómo funcionan los suelos y como deben conservarse, hemos depredado en cientos de años de uso continuado de prácticas dañinas. Que colono o propietario formal de tierras no trabajaba para “hacer finca” desmontando bosques y construyendo potreros sin importar las fuentes de agua aniquiladas o la inestabilidad de los terrenos con altas pendientes.

Mientras fuimos pocos, los efectos nocivos en el medio ambiente no fueron palpables, pero cuando el crecimiento demográfico superó, como lo ha hecho en muchas zonas del país, la capacidad de carga de los ecosistemas el problema se ha desbordado. Es urgente revisar las conclusiones de IPBES6 y sus aplicaciones prácticas a la realidad colombiana.

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